miércoles, 7 de abril de 2010




EL SALMO DE NAZARET: COMO UN NIÑO
EN BRAZOS DE SU MADRE ( 131)



Señor mi corazón no es ambicioso
ni mis ojos altaneros.
No pretendo grandezas
que superan mi capacidad
sino que acallo y modero mis deseos
como un niño en los brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.


Es de una belleza sin límites imaginar a María o a José enseñando este salmo a Jesús niño. Por supuesto que le enseñaron otros muchos pero no resulta difícil aventurarse a pensar que esta pequeña joya espiritual y literaria cautivó y forjó el alma de Jesús. Que este es, por tanto, el salmo de Nazaret.
¿Qué puede hacernos pensar que este salmo tiene especial incidencia en el crecimiento espiritual de Jesús? Creo que son varias las razones.
La primera que María, y también José, eran espejo vivo, encarnación familiar y entrañable, de las palabras que enseñaban al Niño. Jesús aprendió el salmo sin poder distinguir demasiado si la oración que su abbá o su immá le enseñaban era una plegaria dirigida al Altísimo o era la definición de sus padres. Descubrir que era ambas cosas a la vez le llenaría de gozo. María no dijo sólo en el momento de la anunciación y de la visitación que era “esclava” y “pequeña”, que todo lo recibía de Dios. Lo rezó y actualizó muchas veces en su vida. Y José, de quien no tenemos ninguna palabra...qué bien encarna ese niño que no habla pero vive abandonado en la providencia de un Dios hecho ternura maternal para sus pequeños! Y qué bien supo ser para los suyos ese regazo maternal en el cual un niño se acurruca cuando intuye el peligro...
La segunda razón que lleva a pensar que Jesús amaba este salmo es que además de recordarle a sus padres terrenos, lo define también a Él cuando decide abrir su interioridad: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis la paz para vuestras almas” (Mt 11,29-30).
El salmo rezuma la actitud básica de la espiritualidad de Nazaret: el abandono, la confianza en Dios. Pero esa actitud no es pasiva, al contrario, es de una actividad interna increíble porque no puede cesar ni un instante. Es cada día, cada segundo, que debemos trabajar nuestro corazón para acallar y moderar los deseos que nos alejan de Dios. Como personas normales también María y José tuvieron deseos que acallar, anhelos que moderar. Y los tuvo Jesús, de quien conocemos las tentaciones. Cuando Jesús le dice al diablo que el hombre no vive solo de pan sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios se establece un claro paralelismo con la leche materna. El salmo no dice propiamente, al referirse al niño, que está “en” los brazos de su madre sino “sobre” los brazos de su madre, lo cual según algún exegeta sugiere la postura en que una madre coloca al niño que, una vez saciado, necesita expulsar el aire. De la misma manera que el niño sólo se sacia de la leche de su madre, la persona sólo encuentra su alimento en la Palabra de Dios. “Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis” (Jn 4, 32) dirá Jesús a sus discípulos. Y quien conoce el alimento básico ya no necesita nada más porque sólo Dios basta. Dios es leche materna, es pan sólido. Alimento que se deja comer por su creatura.
El salmista conoce bien la psicología humana; el “corazón” es la sede de los afectos y los “ojos” representan nuestra manera de situarnos en el mundo, nuestra manera de relacionarnos con él y con cuantos nos rodean. En Nazaret los afectos están al margen de toda ambición porque Dios sólo puede crecer – que es lo que hace en Nazaret – en el “humus”, en la humildad. Y la altanería, la altivez, es lo contrario a la espiritualidad relacional que viene a enseñarnos la Encarnación. Si Dios, que es el único “alto” no se ha aferrado a su condición y se ha abajado hasta hacerse uno de tantos, un hombre cualquiera...¿no caemos en el ridículo cada vez que dejamos penetrar en nuestro corazón la altanería?. El corazón y la mirada de quien vive la espiritualidad de Nazaret están unificados en Dios y el único fruto posible es la paz. Ya lo expresó San Josep Manyanet: “En Nazaret se te enseñará y encontrarás lo que quieres y tu corazón desea”
[1].
Y lo que de verdad deseamos es ver el rostro de Dios que sólo verán, dice Jesús, los limpios de corazón. Los que son como ese niño abandonado en el regazo de su madre.
El salmista deja claro que vivir como niños es el único camino para adentrarse en el corazón de Dios. Otra razón para creer que este salmo gustaba a Jesús, pues Él es el primero en atreverse a poner de ejemplo a los niños: “Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos” ( Mt 18,3). Porque el niño, la persona que vive como niño confiado, es lo contrario al hombre Adán que sucumbió a la tentación de “ser como dioses”. Nazaret, que vive y encarna este salmo, es nueva creación. En el Paraíso que fue el hogar de la Sagrada Familia nada pudo hacer la serpiente. Nadie quería ser “como Dios”...ni tan sólo quien sí lo era! Los tres vivieron en humilde sumisión y dependencia, en filial abandono y confianza al Padre. Cuando Juan, en el sublime prólogo a su evangelio nos habla de la Palabra hecha carne, concluye así: “A Dios nadie lo ha visto jamás. El Unigénito, que está en el regazo del Padre, es quien lo ha dado a conocer” (Jn 1,18). De lo cual es fácil deducir que el abandono es una virtud divina. ¿Qué pensaría María al tener a Jesús muerto en brazos cuando lo descendieron de la cruz? ¡Lo había tenido tantas veces en su regazo!

Aún en un salmo tan breve el final supone la clave: esperar.
El salmista ha dejado claro que no “pretende” grandezas. Pretender es un verbo radicalmente opuesto a esperar. El primero se sustenta en el esfuerzo humano, en la ambición propia y en la vana idea de tener méritos propios. El segundo se vive cuando todo se reconoce como don y gracia, cuando se experimenta que sin Dios nada podemos y Él brilla en nuestra debilidad. Israel debe esperar en Dios y el nuevo Israel lo forja esa familia santa de Nazaret que todo lo recibe de Dios. María no entendía y reflexionaba. José no entendía y obedecía. Jesús no entendía y renunció al sueño de que Israel acogiese el Reino, renunció al éxito que humanamente podía esperar y acogió el fracaso.
Pero toda esa paz que emana del salmo es don de Dios que precisa la colaboración de la persona. Por eso es necesario acallar y moderar los deseos que nos alejan de Dios “ahora y por siempre”. Y sólo es posible renunciar a grandezas e ilusiones humanas cuando se tiene la vívida experiencia de ser amado por un Dios que nos mantiene en su regazo.


[1]

Manyanet, Josep. La Escuela de Nazaret. Primera parte,visita I


martes, 6 de abril de 2010


¡CRISTO HA RESUCITADO!
Con el asombro de Pedro, Juan y María comenzó una historia de amor acrisolada en la cruz. Y todavía vivimos el asombro de sentirlo más vivo de lo que, a veces, nosotros mismos estamos. ¿Cómo miraría María a su hijo, a Aquel que seguía siendo "su pequeño"?
Que Cristo resucite en ti. Ayúdale a rodar la piedra que cubre su rostro.



viernes, 19 de marzo de 2010

FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ
ANGELUS
V. "El Ángel del Señor se apareció en un sueño a José"

R. "José, hijo de David no tengas miedo de tomar a María, tu esposa, en tu casa."

V. "Porque lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo."

R. "Y dará a luz un Hijo."

V. "Al que tú pondrás por nombre Jesús."

R. "Porque Él es el salvador."

V. Ruega por nosotros virginal padre de Jesús.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

V. Oremos.
Derrama, Señor, tu Gracia en nuestros corazones para que cuantos hemos conocido por el anuncio del ángel la Encarnación de tu Hijo, seamos conducidos por su pasión y cruz a la Gloria de la resurrección. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

jueves, 18 de marzo de 2010


JOSÉ, IMAGEN DE LA TERNURA DE DIOS
A veces, Señor, nos sentimos como niños débiles que necesitan protección. Nos sentimos perdiods en el camino de la vida, heridos o desconsolados. Y añoramos el abrazo que consuela, que guía, que sustenta. Enséñanos a ir a José que tuvo entre sus brazos todo un Dios, que lo consoló y protegió. Si Dios no halló mejor custodio ¿quién nos cuidará mejor a nosotros? Pídele a José, Señor, que nos acoja entre sus brazos...

miércoles, 17 de marzo de 2010



SAN JOSÉ, IMAGEN DEL EDUCADOR

Jesús crecía bajo la sombra y amparo de José. Por eso, te pedimos Señor que todos seamos un poco como José, que todos hagamos crecer a Cristo en el corazón de aquellos que amamos y nos han sido encomendados. Haz que, como educadores, saquemos de cada persona que se acerca a nosotros la imagen que lleva en sus entrañas dibujada: la de Dios.

martes, 16 de marzo de 2010

Disfruten y contemplen...es toda una meditación a través de la belleza.

lunes, 15 de marzo de 2010


NOVENA A SAN JOSÉ (IV)
JOSÉ, IMAGEN DE LA MISIÓN AD GENTES
Hoy te pedimos, Señor, por todos aquellos a quienes has llamado a evangelizar. Que vean en José, que llevó a Jesús y María a Egipto, el modelo que les permita transmitir la fe en Aquel que todo lo puede.