domingo, 22 de junio de 2014
ORACIÓN EN EL DÍA DE CORPUS
sábado, 7 de diciembre de 2013
LA INMACULADA CONCEPCIÓN
jueves, 13 de junio de 2013
ROMPER EL FRASCO DE ALABASTRO
jueves, 6 de junio de 2013
SAGRADO CORAZÓN
sábado, 1 de junio de 2013
CORPUS
Se estrena junio, mes del Sagrado Corazón, con la fiesta de Corpus. Las primeras comuniones de muchos niños llenan estos domingos. Pero...¿qué tal las nuestras? Acerquémonos al Pan de Vida, fortaleza que todos necesitamos. Palabra y Pan. La fe que nos alumbra.
viernes, 31 de mayo de 2013
VISITACIÓN DE MARÍA
sábado, 25 de mayo de 2013
DOMINGO DE LA TRINIDAD
sábado, 11 de mayo de 2013
FIESTA DE CIELO
miércoles, 28 de noviembre de 2012
MI FLOR DE ADVIENTO
Llega, alegre, el Adviento. Y con él os regalo mi flor de Adviento porque es tiempo de girarse hacia el Sol, de buscarlo entre nubes y tempestades; es tiempo de dejar que Él vivifique el corazón. Adviento, tiempo de Gracia que me invita a girarme (convertirme) hacia la Luz.
sábado, 7 de mayo de 2011
Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscarle algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos, ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia pero lo siguen recordando?
La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?
Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.
Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel “desconocido” se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística, se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos!
Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Nadie ha de estar más presente. Jesús camina junto a nosotros.
José Antonio Pagola
martes, 2 de noviembre de 2010
«Un día invernal, a hora punta, un violinista se situó a la entrada de una estación de Metro de Washington y se puso a tocar su violín. Durante cincuenta minutos los precipitados viajeros no paraban mientes en seis piezas de Bach que emitían las cuerdas del afinado violín. Se calcula que pasaron miles en esa hora y fueron muy pocos los que frenaban el paso, escuchaban unos segundos y algunos dejaban caer alguna moneda en el sombrero. Los que controlaban la experiencia pudieron contabilizar que sólo unos seis pararon unos minutos y una mujer agradeció al músico su interpretación. Pero no hubo aplausos y menos alguien que pidiera un bis. En el fondo del sombrero se recogieron 32 dólares.
El violinista que accedió a la experiencia que quiso hacer y filmar el periódico The Washington Post se llama Joshua Bell, uno de los mejores del mundo. Dos días antes de su presencia en el Metro, había llenado un Teatro de Boston con melómanos que –el que menos- había pagado cien dólares por asistir al concierto del afamado músico. Tanto en el teatro como en el Metro había ejecutado las mismas seis piezas de Bach y usado el mismo violín Stradivarius, valorado en tres millones y medio de dólares.
La idea del periódico era realizar un ensayo sociológico sobre el comportamiento de las personas. Comprobaron que el personal puede pasar junto a bellezas o acontecimientos sublime sin captarlos. Si se llevan otras preocupaciones en la cabeza (en este caso las prisas por llegar al trabajo o a alguna actividad), están prácticamente incapacitados para percibir lo que sucede alrededor. Y con frecuencia esta incapacidad se ve agravada por tópicos: “Estos pobres músicos fracasados tienen que recurrir a estas estaciones de metro para sacar un pequeño sueldo”».
Resulta estremecedor pensar en cuánta santidad hay a nuestro alrededor sin que seamos capaces de percibirla. Hombres y mujeres anodinos, vidas normales y corrientes que, quizá, si abriéramos los ojos, nos depararían la sorpresa de su enorme belleza. ¿Cuántas veces habré pasado de largo ante un santo sin darme ni siquiera cuenta? ¿Conviviré con alguno/a?
Quizá haya leído con interés una vida de M. Teresa de Calcuta, de San Francisco...Pero Dios no es un Dios tacaño, el repartió la santidad en toda su creación. Sólo me queda decir: Señor, que vea!
No vaya a ser como esos viajeros del metro: incapaces de belleza.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Una fiesta como la de la Natividad de la Santísima virgen María, por la época en que se celebra —es decir, cuando el tiempo, después de los calores estivales, se hace más suave, y cuando la uva y tantos otros frutos llegan a madurar— expresa muy bien dos conceptos: el de la "plenitud de los tiempos" (cf Gál 4,4; Ef 1,10; Heb 9,26) y el del alivio beneficioso aportado por el nacimiento de María.
Todo en el AT converge hacia el tiempo de la Encarnación, y en este punto comienza el NT. En ese momento de plenitud se inserta María, La Natividad de María —comenta san Andrés de Creta en la homilía sobre la segunda lectura del oficio de la fiesta (cf Sermón 1: PG 97, 810)— "representa el tránsito de un régimen al otro, en cuanto que convierte en realidad lo que no era más que símbolo y figura, sustituyendo lo antiguo por lo nuevo".
El tema de la luz recurre constantemente en la Fiesta de la Natividad de la Santísima virgen María: "Por su vida gloriosa todo el orbe quedó iluminado" (segundo responsorio de las lecturas del oficio). "Cuando nació la Santísima Virgen, el mundo se iluminó" (segunda antífona de laudes). "De Ti nació el Sol de la justicia" (ant. del Benedictus). Y junto al tema de la luz, obviamente, el tema de la alegría. "Que toda la creación... rebose de contento y contribuya a su modo a la alegría propia de este día" (segunda lectura del oficio).
"Celebremos con gozo el nacimiento de María" (tercera ant. de laudes). "Tu nacimiento... anunció la alegría a todo el mundo" (ant. del Benedictus).
Plenitud de los tiempos, luz y alegría. Quizá se logre entender mejor lo que representa el nacimiento de la Virgen para la humanidad si se tiene en cuenta la condición de un encarcelado. Los días del encarcelado son largos, interminables... Cuenta los minutos de la última noche que transcurre en la cárcel. Después, finalmente, las puertas se abren: ¡ha llegado la hora tan esperada de la libertad! Esos minutos interminables, contados uno a uno, nos recuerdan las páginas evangélicas de la genealogía de Jesús. Unos nombres se suceden a otros con monotonía: "Abrahán engendró a lsaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá... Jesé engendró a David, el rey. David engendró a Salomón..." (Mt 1,2.6ab). Hasta que suena, finalmente, la hora querida por Dios: es la plenitud de los tiempos, el inicio de la luz, la aurora de la salvación: "Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, el llamado Cristo" (Mt 1 .16).
viernes, 30 de julio de 2010

LA PALABRA DE HOY
¿NO ES ÉSTE EL HIJO DEL CARPINTERO?
En aquel tiempo Jesús fue a su propia tierra, donde comenzó a enseñar en la sinagoga del lugar. La gente, admirada, decía: "¿De dónde ha sacado este todo lo que sabe? ¿Cómo puede hacer tales milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? Y su madre, ¿no es María? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas, y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? ¿De dónde ha sacado todo esto?" Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo: "En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa." Y no hizo allí muchos milagros, porque aquella gente no creía en él. (Mt 13,54-58)
El conflicto está dentro. No son los de fuera los que menoscaban a Jesús sino los de dentro: Nazaret, Israel…
También en mí está el conflicto cuando Dios viene a mí que soy su tierra, su patria, el ámbito donde quiere crecer. Él llega para hacer proezas con su mano, para transfigurar mi vida. Pero también yo, como los de Nazaret, soy a veces especialista en tergiversar los valores.
Dios ha querido tener familia, padre y madre, parientes. Raíces. ¡Dios las valora!
Pero yo convierto esas raíces divinas en una imposibilidad para creer. Me gustaría, en el fondo, un Dios más etéreo, menos humano. Por eso pregunto: ¿No es este el hijo del carpintero? Y su madre ¿no es María?. Y lo que para Dios era un camino hasta Él yo lo convierto en muro que separa.
Esa irrelevancia de Jesús, un carpintero por padre, una mujer como tantas por madre, es lo que dificulta mi fe. ¡Qué difícil es aceptar de verdad el Misterio de Nazaret! ¡Qué difícil asumir que Dios no quiere estridencias, que no se hace distinto, que es de mi mismo barro…Mentalidad que refleja una pobre concepción de la persona. Me niego a admitir que Jesús, de quien conozco sus humanas raíces, sea Alguien poderoso porque lo he visto crecer, lo conozco de niño y joven…y lo hago de mi misma calaña. Estoy más acostumbrado a mirar las sombras de la persona que sus luces.
Y quizá eso es lo que Jesús viene a decirme: que soy de barro, sí, pero transfigurado. Que tengo límites, historia, raíces. Pero que ellas me permiten alzar vuelo. Que si quiero seguirle debo aceptar que Él entre en mí y sea capaz de no escandalizarme de cuánto Él quiere.
viernes, 11 de junio de 2010

"Con amor eterno te he amado"(Jer 31,2)
El que tenga sed, que venga a mí y beba; el que cree en mí, como dice la Escritura, de sus entrañas (o corazón) manarán ríos de agua viva. (Jn, 7,37-38)
Jesús es el corazón donde nuestra humanidad bebe y se transfigura. En su interioridad hallamos aquello que nuestra propia interioridad anhela.
Pero Él ¿dónde reposó? ¿dónde bebió? ¿dónde descansó su decepción, su dolor? ¿A quién fue?
Una sola palabra da respuesta a ello: Nazaret.
Nazaret fue siempre la fuente insondable en la que Jesús bebió. Allí experimentó de una vez para siempre sentirse amado desde toda la eternidad por el Padre. Allí aprendió a amar hasta el extremo. Allí se encendió, como zarza incandescente, su amor. En Nazaret halló su vocación.
Comprender el corazón de Jesús tiene un camino: descender a Nazaret.
AL CORAZÓN DE JESÚS
pero tenemos ya experimentado
que Dios es un Amor siempre entregado,
total gratuidad no calculada.
El Dios –Amor, esencia eternizada,
en su Hijo Jesús quedó encarnado
y al que luego, en la cruz, dejó clavado:
¡Amor loco de Dios!¡Corazonada!
Corazón de Jesús, tan fuerte y tierno,
corazón tan divino, tan humano,
tan manso, tan humilde y tan fraterno.
Icono del Amor de un Dios cercano,
de un Dios de corazón siempre materno:
¡el Amor que es servicio cotidiano!
(José Luís Martínez)
miércoles, 9 de junio de 2010

"Tú eres amada extraordinariamente, amada con el amor de predilección que tuvo el Maestro en la tierra hacia algunos y que los llevó tan lejos. El no te dice como a Pedro: ¿Me amas más que éstos? Escucha lo que te dice: ¡Déjate amar más que éstos!, es decir, sin temer que algún obstáculo sea obstáculo, porque Yo soy libre para derramar mi amor en quien me place. ¡Déjate amar más que éstos!, ésa es tu vocación, y siendo fiel a ella me harás feliz porque engrandecerás el poder de mi amor. Este amor sabrá rehacer lo que hubieres deshecho. ¡Déjate amar más que éstos! […] La fidelidad que te pide el Maestro es de permanecer en comunión con el Amor, de derramarte, de enraizarte en este Amor que quiere marcar tu alma con el sello de su potencia y grandeza. No serás superficial si estás despierta en el amor. Pero en las horas en las que no sientas más que el decaimiento, el cansancio, le agradarás todavía si eres fiel en creer que El obra aún, que te ama de todas formas, y más aún: porque quiere engrandecerse en ti. […] (Sor Isabel de la Trinidad)
domingo, 6 de junio de 2010

Preguntas de amor
Si es pan lo que vemos, ¿cómo dura
sin que comiendo dél se nos acabe?
Si Dios, ¿cómo en el gusto a pan nos sabe?
¿Cómo de solo pan tiene figura?
Si pan, ¿cómo le adora la criatura?
Si Dios, ¿cómo en tan poco espacio cabe?
Si pan, ¿cómo por ciencia no se sabe?
Si Dios, ¿cómo le come su hechura?
Si pan, ¿cómo nos harta siendo poco?
Si Dios, ¿cómo puede ser partido?
Si pan, ¿cómo en el alma hace tanto?
Si Dios, ¿cómo le miro y le toco?
Si pan, ¿cómo del cielo ha descendido?
Si Dios, ¿cómo no muero yo de espanto?
Fray Luis de León
sábado, 22 de mayo de 2010

EN LA FIESTA DE PENTECOSTÉS
Cuando tenemos el Espíritu Santo, el corazón se dilata, se baña en el Amor divino.
Sin el Espíritu Santo, somos como una piedra del camino. Tomad en una mano una esponja embebida de agua y en la otra una piedra; presionadlas de la misma manera; no saldrá nada de la piedra y de la esponja haréis salir el agua en abundancia. La esponja es el alma llena del Espíritu Santo, y la piedra es el corazón frío y duro donde el Espíritu Santo no habita.
El Espíritu Santo forma los pensamientos en el corazón de los justos y engendra las palabras en su boca. Aquellos que tienen el Espíritu Santo no producen nada malo; todos los frutos del Espíritu Santo son buenos… Cuando tenemos el Espíritu Santo, el corazón se dilata, se bañan en el Amor divino.
Hará falta decir cada mañana: “Dios mío, envíame tu Espíritu que me haga conocer lo que soy y lo que tú eres”.
San Juan María Vianney, cura de Ars (Año sacerdotal)
viernes, 9 de abril de 2010
viernes, 26 de febrero de 2010

Los cristianos de Oriente fueron los primeros en celebrar la Transfiguración. Esta fiesta fue introducida en Occidente en el siglo XII por uno de los abades de Cluny, Pedro el Venerable.
En los Evangelios, los relatos de la transfiguración quieren hacernos entrever quién es Jesús verdaderamente y conducirnos a participar en su misterio.
En el monte, Jesús está en oración, en una gran intimidad con Dios (Lucas 9, 28-36). La voz que sólo él había oído en el momento de su bautismo ahora se hace escuchar por los discípulos: «Este es mi Hijo, el amado» El misterio de Jesús aparece ante sus ojos : su vida consiste en esta relación de amor con Dios su Padre.
Jesús vive esta relación de amor desde toda la eternidad, pero también durante toda su existencia terrenal. Ella crece, se fortalece especialmente a través de las pruebas, y se revela cada vez más. Jesús elige apoyarse solamente en Dios, y mantendrá esta elección hasta en la noche más oscura, cuando dé su vida en la cruz.
¿No es este abandono radical y con total confianza lo que provoca que ante los ojos de los apóstoles brille en Jesús la luz de Dios? Moisés y Elías, que aparecen al lado de Jesús, habían sido, de forma evidente, guiados por esta luz. Pero ésta brilla en Jesús de manera única. En él, la luz de la resurrección ya se ha encendido. Su humanidad transfigurada irradia la plenitud del amor de Dios. Nunca nos cansamos de dejarnos maravillar por esta novedad eterna.
Por medio de la transfiguración, Jesús no sólo hace ver que está habitado por la luz de Dios, hace intuir que quiere compartir esta luz. No es sólo la humanidad de Jesús la que puede ser transfigurada, nuestra humanidad también.
Cuando, en la oración, contemplamos la luz de Cristo transfigurado, ésta se va transformando poco a poco en luz interior. El misterio de Cristo llega a ser el misterio de nuestra vida. También nosotros somos los hijos amados de Dios. Cada una, cada uno de nosotros es amado desde siempre y por siempre.
Como Jesús, podemos abandonarnos en Dios. Y Dios a su vez transfigura nuestra persona, cuerpo, alma y espíritu.
Entonces hasta las fragilidades y las imperfecciones se convierte en una puerta por donde Dios entra en nuestra vida. Los abrojos que dificultan nuestra marcha alimentan un fuego que alumbra el camino. Nuestras contradicciones interiores, nuestros miedos, permanecen. Pero , por el Espíritu Santo, Cristo entra hasta el fondo de lo que nos inquieta de nosotros mismos, hasta el punto que las oscuridades quedan iluminadas. Nuestra humanidad no es anulada, Dios la asume, ella puede encontrar en sí una cierta plenitud. Y somos libres, libres de avanzar hasta darnos por aquellos que Dios nos ha confiado.
Más allá de nuestras personas humanas, toda la creación ha recibido la promesa de una transfiguración. Cristo «transfigurará nuestro pobre cuerpo para conformarlo con su cuerpo glorioso, mediante el poder que tiene para someter a sí todo el universo.» (Filipenses 3, 21) Sí, él «hace todas las cosas nuevas.» (Apocalipsis 21, 5)
«¡Escuchadle!» dice la voz venida del cielo. Por el Espíritu Santo él nos habla. Nuestra actitud frente a la vida depende de nuestra atención a su presencia continua.
Estar a la escucha de Dios no nos ahorrará forzosamente dificultades. Si damos prioridad a esta escucha, nos haremos aun quizá más vulnerables. Pero una determinación interior crecerá, y con ella una soltura para entregarnos más fácilmente al soplo del Espíritu Santo. Seremos más capaces de discernir la presencia de Dios en el mundo y seguiremos más valientemente su voluntad.
Con frecuencia, comprendemos poco sobre cómo es posible nuestra propia transfiguración. Nuestra confianza, como la de los discípulos, se queda corta, nuestra fé no deja de ser pobre. Con todo, mirar la luz de Dios nos transforma ya.
En el monte de la transfiguración, es toda la Iglesia la que está representada en Pedro, Santiago y Juan. Si nosotros también escuchásemos más a menudo todos juntos, en una humilde oración común, la voz de Dios, quizá la comprenderíamos mejor. El Espíritu Santo podría actuar mejor y-¿quién sabe?– él podría hasta sorprendernos.
Hno Alois de Taizè











