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domingo, 22 de junio de 2014

ORACIÓN EN EL DÍA DE CORPUS



No te quedes, Señor,
en la soledad de un templo vacío
y, en esta hora, más que nunca
desciende a los áridos y complicados caminos
donde se debate el presente y el futuro del hombre.
Baja, Señor, y comparte
la existencia de aquellos que buscan,
en la vida y con su vida,
una razón para nunca perderte.

sábado, 7 de diciembre de 2013

LA INMACULADA CONCEPCIÓN


Este domingo, excepcionalmente, no comentaré el evangelio. Coincide el 2º domingo de adviento, que presenta la figura de Juan Bautista, con la fiesta de la Inmaculada Concepción y España, que fue gran defensora del dogma y desempeñó un papel importante en la declaración de éste, ha solicitado poder celebrar la fiesta de María.
La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, atendiendo a la solicitud de la Conferencia Episcopal Española, ha dispensado para el presente año 2013 de la observancia de las normas litúrgicas que imponen el traslado de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción al lunes siguiente, por lo que en España se celebra este domingo dicha Solemnidad.
En el resto del mundo la Inmaculada se celebra este lunes. Vaya por delante  que no me parece correcto anteponer una fiesta mariana – por mucho que históricamente la sintamos “nuestra”- a la unidad universal que da la liturgia al celebrar siempre la Resurrección de Cristo el domingo. Aprendí, con buenos biblistas, que ninguna fiesta es superior al domingo. Así que, aunque en España parece que ha ganado lo afectivo, teológicamente no deja de ser un absurdo anteponer la fiesta de la Virgen a la Resurrección de Cristo. Por otra parte, lo que se considera “un privilegio” no deja de ser un  gesto que nos aleja de la unidad con nuestros hermanos de otras confesiones…
Pero no vamos a ser más papistas que el Papa. El día 7, en España se celebran numerosas “Vigilias de la Inmaculada”. Estos actos marianos se vienen haciendo ininterrumpidamente desde el año 1947, cuando fueron instaurados por el padre Tomás Morales, actualmente en proceso de canonización en Roma. Y no sólo han cuajado sino que se han popularizado y extendido.

jueves, 13 de junio de 2013

ROMPER EL FRASCO DE ALABASTRO


XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.» Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.» Él respondió: «Dímelo, maestro.» Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.» Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.» Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.» Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.» Después de esto iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes. ( Lucas 7,36–8,3)


LAS MUJERES DE JESÚS

Voy a empezar este evangelio por el final: porque no es menos importante que el cuadro que se nos narra, la afirmación de que había seguidoras de Jesús. Estamos acostumbrados a la lista de nombres de los seguidores de Jesús: Pedro, Santiago, Juan…De ellos, salvo de Judas, “el traidor” nada se nos dice inicialmente. En cambio, cuando se nos presentan las seguidoras de Jesús el evangelista siente la necesidad de subrayar que todas  habían sido sanadas por Jesús de “malos espíritus y enfermedades” y, de alguna, hasta se habían expulsado siete demonios. Tengo para mí que esa experiencia personal e íntima de la acción de Jesús en la vida de cada una de ellas fue determinante en su fidelidad hasta la cruz, algo que no vemos en los discípulos la mayoría de los cuales se había formado de Jesús una idea más o menos mesiánica.
Estas mujeres sanadas pueden ser muy bien imagen de la Iglesia. Porque el evangelista subraya además que “sostenían a Jesús con sus bienes”. Y hay que reconocer que en muchos países son las mujeres las que sostienen la iglesia. Basta ver las misas, el número de asistencia femenina y masculina…Basta ver el número de consagradas frente a consagrados. ¿Qué les pasa a los hombres?   
Hoy por hoy muchas mujeres siguen sosteniendo a Jesús en sus obras de caridad y misericordia pero también en su dimensión contemplativa. En la estructura de la Iglesia siguen ostentando todo protagonismo los hombres. Quizá no hay mucha conciencia de cuánto debe la Iglesia a las mujeres…A veces pienso que con enaltecer a la Virgen María creen haber saldado la deuda de gratitud…

BANQUETE ABUNDANTE/ AMOR ESCASO

Cabe suponer que en la mesa del fariseo el banquete era abundante. Sin embargo, Jesús no va a dejar de reprocharle lo que “no ha hecho” y ese puede ser un duro examen de conciencia para las comunidades cristianas. No las misas que se dicen, no las procesiones o las ferias solidarias que se montan. Jesús exige la centralidad de su persona. Y eso lleva  a la delicadeza, al amor creativo de gestos, a la “pérdida” de tiempo en la oración, al silencio ante el sagrario…La mujer no parece pedir nada (aunque luego reciba mucho) sólo desea estar y tocar a Jesús. Es mujer que ama con todos sus sentidos y llora, besa, acaricia, seca…Ella es el exceso y Simón el cálculo: si supiera quién lo toca… El único ignorante es el que cree saber, Simón el fariseo, porque Jesús sabe muy bien por quién es acariciado y la mujer sabe quién es Jesús y por eso mismo desea tocarlo, besarlo, honrarlo…

EL FRASCO DE ALABASTRO

La mujer lleva un frasco –se especifica en otras traducciones que es de alabastro – con un caro perfume. Ese frasco puede muy bien simbolizar el corazón de cada cristiano que sólo puede ser para Jesús. Sólo para Él la alabanza, el amor, la finura de nuestro afecto.
Una mala formación hace pensar a muchos laicos que eso debe ser para los consagrados. Se olvida a veces que no hay mayor consagración que la del bautismo y que todo seguidor de Jesús debe darle centralidad en su vida, romper su perfume, darse sin cálculo. La entrega o es radical o no es. Jesús no tiene amores rivales, Él integra todo amor que merezca tal nombre. Desde Él y por Él somos capaces de amor humano en plenitud.

LA MUJER IMAGEN DE LA IGLESIA

Esa mujer se pone detrás de Jesús, que es donde debe estar el seguidor. Y se pone a sus pies, en actitud de adoración. Son las actitudes que necesita la Iglesia: ir siempre “detrás de” y adorar. Los Padres de la Iglesia han visto en esta mujer la imagen de la Iglesia. Una Iglesia que debe besar y ungir a los más débiles. Una Iglesia postrada, humilde, servidora. Una Iglesia creativa, audaz, atrevida, alejada de cálculo.

ELLA EN CAMBIO

He comenzado contraponiendo el grupo de mujeres seguidoras de Jesús – cargadas de defectos y enfermedades – al grupo de seguidores varones de Jesús donde, salvo uno, los demás parecen inmaculados pese a sus múltiples fallos. No se me hubiera ocurrido la contraposición si el texto no la remarcara hasta la saciedad con un “ella en cambio”…
Jesús establece una clara diferencia entre Simón y la pecadora pública. Lucas es artista en formar dípticos, pequeños cuadros con dos personajes donde, aparentemente, el primero tiene todas las de ganar (por lo menos humanamente) pero al final, a los ojos de Jesús, es el segundo personaje quien vence. Recordemos la anunciación a Zacarías contrapuesta a la de  María la parábola del fariseo y el publicano, el rico Epulón y el pobre Lázaro…Y ahora, en este texto, el fariseo Simón, que además invita a Jesús, es contrapuesto a una pecadora a la que Jesús cubre de elogios. Porque ella ha lavado, ha besado, ha ungido…ella encarna el amor en acción.
¿Con quién nos identificaría hoy Jesús, con quién identificaría nuestras comunidades? ¿Con Simón, buen hombre que no acaba de entregarse, o con esa mujer que se “desmadra” en su amor?

jueves, 6 de junio de 2013

SAGRADO CORAZÓN


Al corazón de Jesús


He llegado muy tarde, y aún no del todo, a la devoción al Sagrado Corazón. Quizá por eso, mi reflexión será hoy sobre la belleza.
Una belleza que, a mi parecer, siempre ha faltado en la profunda teología que envuelve el misterio del corazón de Jesús. Esta fiesta celebra que “en el Corazón de Cristo el Amor de Dios salió al encuentro de la humanidad entera."   Por eso, “es preciso vivir en sintonía con Su Corazón, amando, como Él, a Dios y al prójimo..."(Juan Pablo II)
Pero las personas, qué le vamos a hacer, captamos las realidades inefables por los sentidos y el arte no ha acabado de encontrar una manera de expresar ese amor de Dios que vibra en el corazón de Jesús. Recuerdo que, de pequeña, esos jesuses lánguidos y acaramelados, con un corazón lleno de espinas y medio sangrantes me repelían; peor aún si era el propio Jesús quien llevaba el corazón en la mano. Por otra parte mi madre pretendía que yo hiciera los nueve primeros viernes de mes una larguísima novena al Sagrado Corazón. Pero para  una niña que juega y disfruta, lee y estudia mientras pelea con los hermanos, es metafísicamente imposible saber si estamos o no en el primer viernes de mes. Y le importa un rábano. Así que nunca jamás conseguí hacer esa novena y eso aumentó mi antipatía por esa devoción.
Pero ya mayor, tuve la suerte de viajar. Y comencé a ver muy extendida la devoción; es más, vi ciudades enteras que habían colocado sobre la montaña más alta una enorme imagen del sagrado Corazón para que protegiera a toda la ciudad: París, Bruselas, Río…y mira por donde, mi Barcelona natal, con su maravilloso Tibidabo.
Comenzó a gustarme pensar que, desde lo alto, Él nos abraza y protege constantemente. Aunque yo no le mire siempre soy mirada por Dios…Yo puedo olvidarme de Él pero su corazón no se aleja de mí.
Pero el corazón de Jesús es un corazón traspasado. Herido, lanceado. Y yo, si quiero vivir esa devoción, voy a tener que acercarme a tantos hermanos míos que hoy siguen siendo traspasados, humillados, heridos.
Hoy se nos recuerda que el corazón de Jesús sigue herido en las mujeres maltratadas, en los niños abandonados, vendidos, explotados; en los hombres que sufren la soledad o viven en la mendicidad…en las rupturas de relaciones de amor, en los parados, encarcelados y sin techo; en los emigrantes, los drogadictos o los enfermos mentales que nadie cuida. ¡En tanta gente!
Acerquémonos a consolar el Corazón de Jesús. Consolemos al hermano que sufre. 

sábado, 1 de junio de 2013

CORPUS


Se estrena junio, mes del Sagrado Corazón, con la fiesta de Corpus. Las primeras comuniones de muchos niños llenan estos domingos. Pero...¿qué tal las nuestras? Acerquémonos al Pan de Vida, fortaleza que todos necesitamos. Palabra y Pan. La fe que nos alumbra.

viernes, 31 de mayo de 2013

VISITACIÓN DE MARÍA


ELLA FUE LA PRIMERA PROCESIÓN DE CORPUS...

Oh María, Virgen que peregrinas en la fe,
contemplamos tu pobreza y queremos vivirla;
contemplamos tu obediencia, queremos realizarla;                        
pensamos en tu contemplación,
queremos recibirla como don del Espíritu.
Señora y Madre nuestra, haz que nos acostumbremos
a ver siempre en nuestra vida el rostro bondadoso de un Padre
que cuida de nosotros, que nos alimenta más que a los pájaros del cielo,
que nos viste con más hermosura que a los lirios del campo;
un Padre que no permite que suceda nada en nuestra vida que no sea por amor.
María, Virgen fiel, virgen de la fe y de la fidelidad,
ayúdanos a vivir así, en la fe que es confianza,
abandono filial en las manos del Padre; en la fe que se entrega,
fidelidad, que es decir como dijiste tú: "Yo soy la servidora del Señor,
que se haga  en mí según tu Palabra".

María, ayúdanos a vivir alegres en fidelidad. Que así sea.

                                                                                                                              Eduardo F. Pironio

sábado, 25 de mayo de 2013

DOMINGO DE LA TRINIDAD


TRINIDAD SAMARITANA
De un tiempo a esta parte ha aparecido una representación de la Trinidad que me fascina. Porque, a veces, donde la teología balbucea, el arte hace diana.
La llaman la “Trinidad de la Misericordia” pero ya he visto que, popularmente, ha recibido el nombre de “Trinidad samaritana”.
Normalmente convertimos  a Jesús, segunda persona de la Trinidad, en protagonista de la Redención. Él es quien se encarna, quien predica y muere en la cruz. Al Padre le reservamos la obra maravillosa de la Creación  y la misma resurrección de Cristo y al Espíritu, con un poco de suerte, le dejamos la Iglesia. Nos empeñamos así en parcelar la obra de Dios en un extraño reparto de responsabilidades, como si la Trinidad fuera, entre otras cosas, la promotora del trabajo cooperativo.
Por eso traigo a este blog, para el domingo de la Trinidad, esta obra de Caritas Müller. Preciosa en su realización lo es mucho más en su contenido teológico pues refleja la Trinidad volcada en la debilidad humana. Es la Trinidad quien salva y redime, quien nos levanta y sostiene. El rostro visible de este misterio invisible es Jesús…

La Trinidad samaritana representa al hombre herido que es recogido por los brazos del Padre, como en el hijo pródigo, mientras Jesús, como en la última cena, le lava y besa los pies. El Espíritu es quien infunde vida y aliento a la persona…¡Cuánta ternura expresa el arte que la teología no alcanza! Y sobre todo…¡qué bien expresa la comunión de Dios en la redención del género humano!
Ciertamente, el misterio de la Trinidad sigue siendo misterio. Y podemos decir con Catalina de Siena:
“Tú, Trinidad Eterna, eres mar profundo en el que cuanto más penetro, más descubro, y cuanto más descubro más te busco”
Creo sinceramente que a medida que la fe se hace más adulta se desemboca con naturalidad en el misterio trinitario.
Y se descubre una Trinidad que me habita, una Trinidad que es lámpara encendida. Una Trinidad que es esa verdad plena que el Hijo nos viene a revelar, una Trinidad que me recuerda que Dios siempre se me escapa, siempre es “más allá”.
Una Trinidad que sólo quiere ser amada y adorada. 

sábado, 11 de mayo de 2013

FIESTA DE CIELO


LA ASCENSIÓN

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.»
Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios. (Lc 24,46-53)

La fiesta de la Ascensión llega en un momento en que mi corazón está lleno de nombres de personas que, por diversas causas, se hallan pasando su noche oscura. Alguna de ellas me confiesa que ha perdido las ganas de vivir y otras que no saben qué hacer ni cómo buscarle el sentido a lo que le ocurre. Enfermedad, problemas, limitaciones, incertidumbres…A veces la condición humana nos cerca y aprieta pero en esos momentos también la liturgia, la gran maestra de la vida, viene en nuestro auxilio.

Esta es una fiesta que me encanta. Me gusta oír repetir en la misa que “donde llegó la Cabeza, Cristo, también tiene esperanza el Cuerpo, la Iglesia, de llegar”. Y cada vez imagino la escalada, la ascensión  a la cumbre, amarrados todos con gruesas cuerdas que evitan el peligro y nos hacen vivir en comunión. Y por fin, el cabeza de grupo, lanza el grito de triunfo: Llegué!  Y toda la cadena humana se alegra exultante porque la cumbre ya es una certeza.

Desde la resurrección de Cristo, la cumbre es una certeza. Estamos llamados a testimoniar que Cristo ha hecho el camino sin ahorrarse sinsabores ni sufrimiento. Pero estamos llamados a ser testigos de la alegría porque Él ya ha entrado “en los cielos”, ya ha entrado en esa otra dimensión que mi corazón anhela y no encuentro aquí, “en la tierra”.
Aquí sólo encuentro pedazos de cielo, noticias vagas y confusas. Y quizá encuentro dolor, mucho dolor. Porque hay personas que parecen tener una mayor parte en la cruz… En las islas Canarias hay una palabra guanche que me gusta mucho: Mayantigo. Significa “pedazo de cielo”. Hoy la liturgia es Mayantigo, un retazo de cielo. Y cualquier persona puede ser hoy mi Mayantigo, mi cielo, mi descanso. Y yo debo ser Mayantigo…cielo para los otros.
Hoy es un día muy alegre.
Hoy la liturgia habla de ascenso, de cumbre.
Y habla de comunidad, de ir juntos, unidos en el camino.
Hoy nos dicen que la cumbre es posible y que Jesús sólo quiere, sólo, que nos amarremos a Él.
Hoy sabemos también que Él nos bendice, dice bien de nosotros. Aún cuando yo no gustara a nadie, le gusto a Dios. Soy del agrado de Dios. Y por eso, su Hijo levanta sus manos y me bendice. Deberíamos meditar con mayor frecuencia qué significa que Dios me bendiga. Porque aún cuando yo errara mi vida Él no retira su bendición de mí. 
Hoy se nos habla de cielo. Hoy es preciso ser cielo.  Y aunque pesen los pies, que nuestros ojos no se aparten de la cumbre.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

MI FLOR DE ADVIENTO


Llega, alegre, el Adviento. Y con él os regalo mi flor de Adviento porque es tiempo de girarse hacia el Sol, de buscarlo entre nubes y tempestades; es tiempo de dejar que Él vivifique el corazón. Adviento, tiempo de Gracia que me invita a girarme (convertirme) hacia la Luz.

sábado, 7 de mayo de 2011


RECORDAR MÁS A JESÚS


El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado. Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él, no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús, muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?
Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscarle algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos, ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia pero lo siguen recordando?
La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?
Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.
Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel “desconocido” se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística, se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos!
Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Nadie ha de estar más presente. Jesús camina junto a nosotros.

José Antonio Pagola

martes, 2 de noviembre de 2010

LA BELLEZA DESAPERCIBIDA O EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS


«Un día invernal, a hora punta, un violinista se situó a la entrada de una estación de Metro de Washington y se puso a tocar su violín. Durante cincuenta minutos los precipitados viajeros no paraban mientes en seis piezas de Bach que emitían las cuerdas del afinado violín. Se calcula que pasaron miles en esa hora y fueron muy pocos los que frenaban el paso, escuchaban unos segundos y algunos dejaban caer alguna moneda en el sombrero. Los que controlaban la experiencia pudieron contabilizar que sólo unos seis pararon unos minutos y una mujer agradeció al músico su interpretación. Pero no hubo aplausos y menos alguien que pidiera un bis. En el fondo del sombrero se recogieron 32 dólares.

El violinista que accedió a la experiencia que quiso hacer y filmar el periódico The Washington Post se llama Joshua Bell, uno de los mejores del mundo. Dos días antes de su presencia en el Metro, había llenado un Teatro de Boston con melómanos que –el que menos- había pagado cien dólares por asistir al concierto del afamado músico. Tanto en el teatro como en el Metro había ejecutado las mismas seis piezas de Bach y usado el mismo violín Stradivarius, valorado en tres millones y medio de dólares.

La idea del periódico era realizar un ensayo sociológico sobre el comportamiento de las personas. Comprobaron que el personal puede pasar junto a bellezas o acontecimientos sublime sin captarlos. Si se llevan otras preocupaciones en la cabeza (en este caso las prisas por llegar al trabajo o a alguna actividad), están prácticamente incapacitados para percibir lo que sucede alrededor. Y con frecuencia esta incapacidad se ve agravada por tópicos: “Estos pobres músicos fracasados tienen que recurrir a estas estaciones de metro para sacar un pequeño sueldo”».

Resulta estremecedor pensar en cuánta santidad hay a nuestro alrededor sin que seamos capaces de percibirla. Hombres y mujeres anodinos, vidas normales y corrientes que, quizá, si abriéramos los ojos, nos depararían la sorpresa de su enorme belleza. ¿Cuántas veces habré pasado de largo ante un santo sin darme ni siquiera cuenta? ¿Conviviré con alguno/a?
Quizá haya leído con interés una vida de M. Teresa de Calcuta, de San Francisco...Pero Dios no es un Dios tacaño, el repartió la santidad en toda su creación. Sólo me queda decir: Señor, que vea!
No vaya a ser como esos viajeros del metro: incapaces de belleza.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

(La Virgen con sus padres, San Joaquín y Santa Ana)




La Natividad de la Virgen María.
La fiesta de la plenitud y el alivio
Cardenal J. Ratzinger. ( Benedicto XVI)


Una fiesta como la de la Natividad de la Santísima virgen María, por la época en que se celebra —es decir, cuando el tiempo, después de los calores estivales, se hace más suave, y cuando la uva y tantos otros frutos llegan a madurar— expresa muy bien dos conceptos: el de la "plenitud de los tiempos" (cf Gál 4,4; Ef 1,10; Heb 9,26) y el del alivio beneficioso aportado por el nacimiento de María.

Todo en el AT converge hacia el tiempo de la Encarnación, y en este punto comienza el NT. En ese momento de plenitud se inserta María, La Natividad de María —comenta san Andrés de Creta en la homilía sobre la segunda lectura del oficio de la fiesta (cf Sermón 1: PG 97, 810)— "representa el tránsito de un régimen al otro, en cuanto que convierte en realidad lo que no era más que símbolo y figura, sustituyendo lo antiguo por lo nuevo".

El tema de la luz recurre constantemente en la Fiesta de la Natividad de la Santísima virgen María: "Por su vida gloriosa todo el orbe quedó iluminado" (segundo responsorio de las lecturas del oficio). "Cuando nació la Santísima Virgen, el mundo se iluminó" (segunda antífona de laudes). "De Ti nació el Sol de la justicia" (ant. del Benedictus). Y junto al tema de la luz, obviamente, el tema de la alegría. "Que toda la creación... rebose de contento y contribuya a su modo a la alegría propia de este día" (segunda lectura del oficio).

"Celebremos con gozo el nacimiento de María" (tercera ant. de laudes). "Tu nacimiento... anunció la alegría a todo el mundo" (ant. del Benedictus).

Plenitud de los tiempos, luz y alegría. Quizá se logre entender mejor lo que representa el nacimiento de la Virgen para la humanidad si se tiene en cuenta la condición de un encarcelado. Los días del encarcelado son largos, interminables... Cuenta los minutos de la última noche que transcurre en la cárcel. Después, finalmente, las puertas se abren: ¡ha llegado la hora tan esperada de la libertad! Esos minutos interminables, contados uno a uno, nos recuerdan las páginas evangélicas de la genealogía de Jesús. Unos nombres se suceden a otros con monotonía: "Abrahán engendró a lsaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá... Jesé engendró a David, el rey. David engendró a Salomón..." (Mt 1,2.6ab). Hasta que suena, finalmente, la hora querida por Dios: es la plenitud de los tiempos, el inicio de la luz, la aurora de la salvación: "Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, el llamado Cristo" (Mt 1 .16).

viernes, 30 de julio de 2010



LA PALABRA DE HOY
¿NO ES ÉSTE EL HIJO DEL CARPINTERO?

En aquel tiempo Jesús fue a su propia tierra, donde comenzó a en­señar en la sinagoga del lugar. La gente, admirada, decía: "¿De dónde ha sacado este todo lo que sabe? ¿Cómo puede hacer tales milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? Y su madre, ¿no es María? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas, y no viven sus hermanas tam­bién aquí, entre nosotros? ¿De dónde ha sacado todo esto?" Y no qui­sieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo: "En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa." Y no hizo allí muchos milagros, porque aquella gente no creía en él. (Mt 13,54-58)

El conflicto está dentro. No son los de fuera los que menoscaban a Jesús sino los de dentro: Nazaret, Israel…
También en mí está el conflicto cuando Dios viene a mí que soy su tierra, su patria, el ámbito donde quiere crecer. Él llega para hacer proezas con su mano, para transfigurar mi vida. Pero también yo, como los de Nazaret, soy a veces especialista en tergiversar los valores.
Dios ha querido tener familia, padre y madre, parientes. Raíces. ¡Dios las valora!
Pero yo convierto esas raíces divinas en una imposibilidad para creer. Me gustaría, en el fondo, un Dios más etéreo, menos humano. Por eso pregunto: ¿No es este el hijo del carpintero? Y su madre ¿no es María?. Y lo que para Dios era un camino hasta Él yo lo convierto en muro que separa.
Esa irrelevancia de Jesús, un carpintero por padre, una mujer como tantas por madre, es lo que dificulta mi fe. ¡Qué difícil es aceptar de verdad el Misterio de Nazaret! ¡Qué difícil asumir que Dios no quiere estridencias, que no se hace distinto, que es de mi mismo barro…Mentalidad que refleja una pobre concepción de la persona. Me niego a admitir que Jesús, de quien conozco sus humanas raíces, sea Alguien poderoso porque lo he visto crecer, lo conozco de niño y joven…y lo hago de mi misma calaña. Estoy más acostumbrado a mirar las sombras de la persona que sus luces.
Y quizá eso es lo que Jesús viene a decirme: que soy de barro, sí, pero transfigurado. Que tengo límites, historia, raíces. Pero que ellas me permiten alzar vuelo. Que si quiero seguirle debo aceptar que Él entre en mí y sea capaz de no escandalizarme de cuánto Él quiere.

viernes, 11 de junio de 2010


SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, APOYO DE MI FRAGILIDAD



"Con amor eterno te he amado"(Jer 31,2)
El que tenga sed, que venga a mí y beba; el que cree en mí, como dice la Escritura, de sus entrañas (o corazón) manarán ríos de agua viva. (Jn, 7,37-38)

Jesús es el corazón donde nuestra humanidad bebe y se transfigura. En su interioridad hallamos aquello que nuestra propia interioridad anhela.
Pero Él ¿dónde reposó? ¿dónde bebió? ¿dónde descansó su decepción, su dolor? ¿A quién fue?
Una sola palabra da respuesta a ello: Nazaret.
Nazaret fue siempre la fuente insondable en la que Jesús bebió. Allí experimentó de una vez para siempre sentirse amado desde toda la eternidad por el Padre. Allí aprendió a amar hasta el extremo. Allí se encendió, como zarza incandescente, su amor. En Nazaret halló su vocación.
Comprender el corazón de Jesús tiene un camino: descender a Nazaret.

AL CORAZÓN DE JESÚS
De Dios sabemos poco, más bien nada;
pero tenemos ya experimentado
que Dios es un Amor siempre entregado,
total gratuidad no calculada.

El Dios –Amor, esencia eternizada,
en su Hijo Jesús quedó encarnado
y al que luego, en la cruz, dejó clavado:
¡Amor loco de Dios!¡Corazonada!

Corazón de Jesús, tan fuerte y tierno,
corazón tan divino, tan humano,
tan manso, tan humilde y tan fraterno.

Icono del Amor de un Dios cercano,
de un Dios de corazón siempre materno:
¡el Amor que es servicio cotidiano!
(José Luís Martínez)

miércoles, 9 de junio de 2010


SE ACERCA LA FIESTA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS...
Siempre he pensado que el arte no le ha hecho justicia al misterio del Corazón misericordioso de Jesús. Y hoy, al contemplar este abrazo de Jesús a una mujer, sé que el amor que Él me tiene le hace acogerme en mi totalidad, aceptarme y amarme cómo soy. Solemos imaginar el abrazo como el encuentro de dos que vienen de posiciones distintas. Quizá es el primer paso. Porque luego, Jesús te va girando suavemente para hacerte contemplar aquello que Él ve: tu propio pecado...pero con sus ojos. El dolor de los hermanos...con sus ojos. Las miserias y los límites de otros...pero con sus ojos. La misión a la que te llama...con sus ojos.
Esta mujer se apoya totalmente en Jesús. Y resulta curioso que cuando Jesús ya ha cerrado los ojos, ella los mantiene abiertos. Ella continua lo que Él inició, ella ve por Él, ama por Él. Y también Jesús se apoya en ella.
Os dejo con un texto de Sor Isabel de la Trinidad. Que sirva para ir abriendo el corazón a su Amor infinito.


"Tú eres amada extraordinariamente, amada con el amor de predilección que tuvo el Maestro en la tierra hacia algunos y que los llevó tan lejos. El no te dice como a Pedro: ¿Me amas más que éstos? Escucha lo que te dice: ¡Déjate amar más que éstos!, es decir, sin temer que algún obstáculo sea obstáculo, porque Yo soy libre para derramar mi amor en quien me place. ¡Déjate amar más que éstos!, ésa es tu vocación, y siendo fiel a ella me harás feliz porque engrandecerás el poder de mi amor. Este amor sabrá rehacer lo que hubieres deshecho. ¡Déjate amar más que éstos! […] La fidelidad que te pide el Maestro es de permanecer en comunión con el Amor, de derramarte, de enraizarte en este Amor que quiere marcar tu alma con el sello de su potencia y grandeza. No serás superficial si estás despierta en el amor. Pero en las horas en las que no sientas más que el decaimiento, el cansancio, le agradarás todavía si eres fiel en creer que El obra aún, que te ama de todas formas, y más aún: porque quiere engrandecerse en ti. […] (Sor Isabel de la Trinidad)

domingo, 6 de junio de 2010


EN EL DÍA DE CORPUS



Preguntas de amor

Si es pan lo que vemos, ¿cómo dura
sin que comiendo dél se nos acabe?
Si Dios, ¿cómo en el gusto a pan nos sabe?
¿Cómo de solo pan tiene figura?

Si pan, ¿cómo le adora la criatura?
Si Dios, ¿cómo en tan poco espacio cabe?
Si pan, ¿cómo por ciencia no se sabe?
Si Dios, ¿cómo le come su hechura?

Si pan, ¿cómo nos harta siendo poco?
Si Dios, ¿cómo puede ser partido?
Si pan, ¿cómo en el alma hace tanto?

Si Dios, ¿cómo le miro y le toco?
Si pan, ¿cómo del cielo ha descendido?
Si Dios, ¿cómo no muero yo de espanto?

Fray Luis de León

sábado, 22 de mayo de 2010




EN LA FIESTA DE PENTECOSTÉS

Cuando tenemos el Espíritu Santo, el corazón se dilata, se baña en el Amor divino.
Sin el Espíritu Santo, somos como una piedra del camino. Tomad en una mano una esponja embebida de agua y en la otra una piedra; presionadlas de la misma manera; no saldrá nada de la piedra y de la esponja haréis salir el agua en abundancia. La esponja es el alma llena del Espíritu Santo, y la piedra es el corazón frío y duro donde el Espíritu Santo no habita.
El Espíritu Santo forma los pensamientos en el corazón de los justos y engendra las palabras en su boca. Aquellos que tienen el Espíritu Santo no producen nada malo; todos los frutos del Espíritu Santo son buenos… Cuando tenemos el Espíritu Santo, el corazón se dilata, se bañan en el Amor divino.
Hará falta decir cada mañana: “Dios mío, envíame tu Espíritu que me haga conocer lo que soy y lo que tú eres”.


San Juan María Vianney, cura de Ars (Año sacerdotal)

viernes, 9 de abril de 2010

martes, 16 de marzo de 2010

Disfruten y contemplen...es toda una meditación a través de la belleza.

viernes, 26 de febrero de 2010



LA TRANSFIGURACIÓN

Los cristianos de Oriente fueron los primeros en celebrar la Transfiguración. Esta fiesta fue introducida en Occidente en el siglo XII por uno de los abades de Cluny, Pedro el Venerable.
En los Evangelios, los relatos de la transfiguración quieren hacernos entrever quién es Jesús verdaderamente y conducirnos a participar en su misterio.
En el monte, Jesús está en oración, en una gran intimidad con Dios (Lucas 9, 28-36). La voz que sólo él había oído en el momento de su bautismo ahora se hace escuchar por los discípulos: «Este es mi Hijo, el amado» El misterio de Jesús aparece ante sus ojos : su vida consiste en esta relación de amor con Dios su Padre.
Jesús vive esta relación de amor desde toda la eternidad, pero también durante toda su existencia terrenal. Ella crece, se fortalece especialmente a través de las pruebas, y se revela cada vez más. Jesús elige apoyarse solamente en Dios, y mantendrá esta elección hasta en la noche más oscura, cuando dé su vida en la cruz.
¿No es este abandono radical y con total confianza lo que provoca que ante los ojos de los apóstoles brille en Jesús la luz de Dios? Moisés y Elías, que aparecen al lado de Jesús, habían sido, de forma evidente, guiados por esta luz. Pero ésta brilla en Jesús de manera única. En él, la luz de la resurrección ya se ha encendido. Su humanidad transfigurada irradia la plenitud del amor de Dios. Nunca nos cansamos de dejarnos maravillar por esta novedad eterna.
Por medio de la transfiguración, Jesús no sólo hace ver que está habitado por la luz de Dios, hace intuir que quiere compartir esta luz. No es sólo la humanidad de Jesús la que puede ser transfigurada, nuestra humanidad también.
Cuando, en la oración, contemplamos la luz de Cristo transfigurado, ésta se va transformando poco a poco en luz interior. El misterio de Cristo llega a ser el misterio de nuestra vida. También nosotros somos los hijos amados de Dios. Cada una, cada uno de nosotros es amado desde siempre y por siempre.
Como Jesús, podemos abandonarnos en Dios. Y Dios a su vez transfigura nuestra persona, cuerpo, alma y espíritu.
Entonces hasta las fragilidades y las imperfecciones se convierte en una puerta por donde Dios entra en nuestra vida. Los abrojos que dificultan nuestra marcha alimentan un fuego que alumbra el camino. Nuestras contradicciones interiores, nuestros miedos, permanecen. Pero , por el Espíritu Santo, Cristo entra hasta el fondo de lo que nos inquieta de nosotros mismos, hasta el punto que las oscuridades quedan iluminadas. Nuestra humanidad no es anulada, Dios la asume, ella puede encontrar en sí una cierta plenitud. Y somos libres, libres de avanzar hasta darnos por aquellos que Dios nos ha confiado.
Más allá de nuestras personas humanas, toda la creación ha recibido la promesa de una transfiguración. Cristo «transfigurará nuestro pobre cuerpo para conformarlo con su cuerpo glorioso, mediante el poder que tiene para someter a sí todo el universo.» (Filipenses 3, 21) Sí, él «hace todas las cosas nuevas.» (Apocalipsis 21, 5)
«¡Escuchadle!» dice la voz venida del cielo. Por el Espíritu Santo él nos habla. Nuestra actitud frente a la vida depende de nuestra atención a su presencia continua.
Estar a la escucha de Dios no nos ahorrará forzosamente dificultades. Si damos prioridad a esta escucha, nos haremos aun quizá más vulnerables. Pero una determinación interior crecerá, y con ella una soltura para entregarnos más fácilmente al soplo del Espíritu Santo. Seremos más capaces de discernir la presencia de Dios en el mundo y seguiremos más valientemente su voluntad.
Con frecuencia, comprendemos poco sobre cómo es posible nuestra propia transfiguración. Nuestra confianza, como la de los discípulos, se queda corta, nuestra fé no deja de ser pobre. Con todo, mirar la luz de Dios nos transforma ya.
En el monte de la transfiguración, es toda la Iglesia la que está representada en Pedro, Santiago y Juan. Si nosotros también escuchásemos más a menudo todos juntos, en una humilde oración común, la voz de Dios, quizá la comprenderíamos mejor. El Espíritu Santo podría actuar mejor y-¿quién sabe?– él podría hasta sorprendernos.


Hno Alois de Taizè