Esta Semana Santa estuve en Roma. Y en el aire flotaba
ya, la inminente canonización de dos Papas – due papi santi, como dicen ellos –
que han marcado el rumbo de la Iglesia y del mundo. La ciudad de Roma se
prepara para el caos que supone la llegada de cinco millones de peregrinos, la
mitad polacos. Los que llegan duplican el número de los habitantes de Roma, así
que, por unos días, Roma será un caos
alegre.
Pero me hizo gracia constatar que los italianos,
aunque se alegran con la canonización de Juan Pablo II, vibran y se emocionan
con la de su amado Juan XXIII. Los que le conocieron porque admiran y quieren al
Papa Bueno y los más jóvenes porque han recibido de sus mayores esa devoción.
-"Yo viví siempre con mi nonna – nos decía nuestra guía – y ella era fan de Juan
XXIII, así que yo soy fan también, porque sé todas sus historias…qué ganas tengo de que llegue el domingo!"
En honor a este Papa sin milagro (todo un signo) que,
sabiamente, Francisco ha colocado al lado de Juan Pablo II, reproduzco el
artículo de Xavier Picaza sobre el Papa más influyente del s. XX.






