viernes, 2 de octubre de 2009


DÍA DE LOS ÁNGELES CUSTODIOS
Sé sencillamente, para cuantos te rodean, manifestación sensible de la presencia de Dios. Que dondequiera que estés, los demás capten y sientan la bondad, la belleza, la verdad, la unidad, la fraternidad, la armonía, el valor de Dios.... Entonces... serás un ángel para ellos.
HIMNO DE LAUDES AL SANTO ÁNGEL DE LA GUARDA

Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida,
tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día.
Aunque espíritu invisible, se que te hallas a mi lado,
escuchas mis oraciones y cuenta todos mis pasos.
En las sombras de la noche, me defiendes del demonio,
tendiendo sobre mi pecho tus alas de nácar y oro.
Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga,
que vaya siempre contigo hacia Dios, que me lo envía.
Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga,
gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía.
En presencia de los Ángeles, suba al cielo nuestro canto:
gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Amén.



sábado, 26 de septiembre de 2009

EN EL AÑO SACERDOTAL
El 19 de junio, coincidiendo con la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa inauguraba el año sacerdotal. Bajo la figura del cura de Ars, del cual se celebra el 150 aniversario de su muerte, recordaba el Papa:
«El corazón de cada sacerdote debe ser, de manera similar al de Jesús, un corazón que se conmueve delante de las heridas y de los sufrimientos espirituales, morales y corporales de los seres humanos […] a ejemplo de Jesús, Buen Pastor».

Este blog te propone apadrinar durante todo el año con la oración y algún sacrificio - que no vendrá mal - a un sacerdote. Lo tendrás presente en el momento de la Elevación en la Eucaristía y cada día orarás por él. Si se lo quieres comunicar a él - ¡oye, que te apadrino! - mucho mejor, quizá en esas horas bajas que todos tenemos, le ayudará saber que alguien reza por él.
Si quieres comunicar el nombre de tu apadrinado a este blog otros podemos también rezar "por todos los del blog" así que basta que introduzcas el nombre. Y si algún sacerdote lee este blog (muchas gracias) y quiere ser apadrinado, que lo diga. Para eso estamos!


QUIERO SER DESIDERIA Y OIR ESTA VOZ...

Déjate seducir por Él y camina, Desideria, tras sus pasos.

Llévale el agua de tu pecado a Caná para que, convirtiéndola en vino, su Gloria se manifieste en ti.

Ve con Él a la orilla del lago y ofrécele tu barca, déjale que se suba en ella, que se duerma en ella, que desde ella calme todas tus tempestades.

Síguele por los caminos, deja tu casa y los tuyos, tu oficio y tu tierra. Cánsate por Él y con Él.

Súbete con Zaqueo al árbol, asciende sobre ti misma y deja que pose en ti su mirada. Alborózate porque quiere morar en tu casa.

Grita con el ciego:”¡Señor, que vea!”. Llévale también tus pasividades, tus parálisis, tus manos secas para el bien, la lepra de tu corazón, los demonios que te convulsionan. Ten fe, Él es el médico, la Salud del mundo. Recibirás más de lo que pides, se te dará el perdón de los pecados.

Acércate a Él por detrás cuando sientas que la vida se te escapa, cuando la derrochas, cuando, como la hemorroísa, la pierdes: tócale la orla de su manto y póstrate ante Él cuando te llame.

Escucha su voz, tú que estás muerta a la Gracia, siente su mano tirando de ti y su voz ordenándote: ¡Levántate!.

Reposa con Él en Betania, arrodíllate y escucha su Palabra, deja saciar tu sed, acoge al Amigo. Úngele con el perfume de tu amor.

Inclina, como Juan, tu cabeza en su pecho, hazlo más íntimo a ti que tu propia intimidad. Y cuando le niegues, como Pedro, llora, llora hasta que surcos tengan tus mejillas.

Come su Pan, bebe su Sangre. Adora, devota, y canta el Misterio.

Sólo así le acompañarás a Getsemaní, a esa noche en que tú, tú debes consolar al Vivo Desconsuelo. A esa noche en que tu debes ser luz para la Luz, guía para el Pastor.

Por el camino de la cruz, no le abandones. Que te lacere el alma cada caída y conviértete en nueva Verónica. Deja que tu corazón seque, enjuague el Rostro de Cristo y que en ti quede por siempre impresa la Santa Faz.

Síguele, aunque temas, hasta el Gólgota. Sacia su sed, recibe su perdón, acoge a su Madre, espera su Paraíso.
Permanece, Desideria, junto a la Cruz y que tus lágrimas sean su consuelo. Él muere por ti. Refúgiate en su costado abierto para que, en dulce intercambio, Él siga viviendo en ti.

Recibe con María su cuerpo yerto, besa sus heridas, acaricia su rostro. Acuna tanto sufrimiento a ti debido.

Y en la mañana del domingo vuelve al sepulcro, sorpréndete, alégrate, exulta con los ángeles:¡El ha resucitado!.

Que el fuego de la Pascua haga arder tu corazón cuando vayas comprendiendo sus palabras.

Y vuelve a Galilea. Y de Galilea regresa, regresa siempre a Nazaret, vuelve a tu amor primero.
Vivirás allí el inicio de esta historia de Salvación que cada día debes cantar.
Hallarás en María y José los guías.
Sí, siempre sí.
Hónrate por ser de Nazaret, hogar en el que Jesús nunca sintió añoranza del cielo.
Allí comenzó la historia que todos llevamos escrita en el corazón.
Allí encontrarás lo que tu corazón desea.

martes, 22 de septiembre de 2009

EL CLAMOR DE NAZARET (II)

SEGUNDA PALABRA: ESCONDIDO

En Nazaret se realiza el misterio, el designio de Dios, que es Jesucristo, oculto en el silencio de los siglos (Rm. 16,25) Porque Dios, nuestro Dios es un “Dios escondido” que nos sale al encuentro si le buscamos. Y Nazaret es a la vez ocultamiento y búsqueda de Dios.
En Nazaret la Familia Divina, la Trinidad que forman el Padre, el Hijo y el Espíritu se ocultan en la familia humana formada por José, María y Jesús. Y a partir de ese instante la característica más grande de Nazaret es la ausencia de Misterio.
Quizá por ello la pregunta que toda persona de Nazaret debe llevar grabada a fuego en su corazón, la primera palabra que debe brotar de su ser al despertar el día es “Adónde”.

¿Adónde te escondiste
Amado y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
Salí tras ti clamando, y eras ido.

Las personas tendemos a formarnos una imagen de Dios. Algunos, por desgracia, tienen una imagen negativa de Él: juez, árbitro severo que penaliza toda falta...Otros tienen imágenes amorosas, positivas: Padre bueno, comprensivo... Pero toda imagen es limitada y, por tanto, Dios siempre es más. Dios no está en mi imagen, en la que yo tengo de Él. Está escondido tras ella y debo aprender a romper esa imagen, día a día, para que Él, cuando quiera, pueda mostrar su rostro. Lo dice magistralmente Gregorio de Nisa:
“Los conceptos crean ídolos de Dios, sólo el sobrecogimiento presiente algo”

Jesús, José y María son los que más han llegado a presentir el misterio de Dios; sin embargo, la Sagrada Familia vivió en la perenne desinstalación de no saber cuál era el rostro de Dios porque Dios siempre es el que está escondido a nuestros esquemas, nuestra lógica, nuestros estudios. Sólo con el corazón es posible verlo y Jesús lo proclama así en su Magnificat:
“Te has revelado a los sencillos y te has ocultado a los sabios y entendidos”.

Nazaret es el ámbito donde Dios más se deja presentir. Porque es interioridad y esa es la premisa básica para que Dios se manifieste. Jesús sabía lo que decía cuando proclamaba:

“Ora a tu Padre que está en lo escondido”.

Nuestro máximo Nazaret es el propio corazón. Allí reside el Altísimo hecho intimidad, compañero del alma. Vivir la espiritualidad de Nazaret supone, por tanto, cultivar el corazón. Cuidarlo, alimentarlo, purificarlo. Y saber, como decía Santa Teresa con gracejo:

“Hijas, que no estáis huecas!”

Mi corazón es Nazaret. Es el espacio en que Dios planta su tienda y se revela. Es el desierto al que me lleva y me habla. Es la fuente que apaga mi sed, la sombra que me cubre, el manná que me alimenta. Y no estoy hueca sino habitada. Soy la casa que Dios ha querido habitar pero debo franquearle la entrada porque Él está a la puerta llamando. No puedo decir “mañana le abriremos...para lo mismo responder mañana”. Porque si es así, todos sabemos cómo y cuánto se deterioran las casas que no se habitan

Dios tiene una lógica muy distinta a la nuestra. Nosotros tendemos a esconder lo malo, como vemos en Adán y Eva que se esconden tras pecar; Dios, en cambio, se oculta para permitirnos la mayor libertad: buscarlo. Si Dios se manifestara, se revelara en totalidad y evidencia nuestra libertad quedaría anulada. Él es el Dios que no se impone, que se esconde precisamente porque es bueno. Por eso hay que buscarlo como tesoro escondido.
Cuentan de un rabino que miraba cómo su nieto jugaba al escondite con unos amiguitos. En un momento dado, cuanto el nieto estaba escondido, los otros se cansaron y se fueron. Y el nietecillo se fue llorando a su abuelo porque nadie le buscaba. El rabino lo consoló diciendo: Así llora Yavhé cuando no es buscado...
En Nazaret Dios no llora. Es el hogar en que no siente añoranza del cielo porque los tres buscaron en su vida la primacía de Dios.
La mayor parte de las personas pasan su vida de manera anónima, oculta. Por eso la espiritualidad de Nazaret es una espiritualidad laical por definición, porque Dios la ha ofrecido al mundo para que se viva en familia, de manera anónima y por toda condición de persona.
Jesús explicó su experiencia de ocultamiento con la imagen entrañable del grano de trigo que muere que, por extraño que parezca, sólo hemos sabido aplicar a la cruz cuando esa es una realidad vivida día a día por millones de personas.
Del mismo modo se habla poco de San José ignorando, quizá, que puede ser patrono de nuestra manera de vivir, de ese anonimato, de ese estar sin que se note. El evangelio sólo nos habla de las noches de José. Noche turbada cuando descubre el embarazo de María. Noche asustada cuando huye a Egipto para proteger al niño. Noche alborozada cuando, por fin, puede regresar a su patria. Pero las noches de José son noches transparentes, noches que revelan el Misterio y dejan hablar al Dios escondido. Esa noche es el paradigma de la espiritualidad de Nazaret. Porque el sol, con su esplendor, oculta la belleza de un cielo cuajado de estrellas; el sol puede distraerrnos los sentidos que sólo la noche recoge. Nazaret es noche para el mundo. Nadie se enteró de cuánto estaba ocurriendo en aquella aldea. Porque Dios no es espectáculo sino noche encendida, soledad sonora.
La noche de Nazaret consiguió juntar Amado con amada, juntó a Dios con la amada humanidad. Y fue noche más amable que la alborada...
En silencio, oculto, germinó Dios para el mundo. Porque “el espacio de Dios es el mundo y el secreto del mundo es la presencia escondida de Dios. Cristo es la articulación de esa presencia y el nombre de ese secreto” (Dumas) La espiritualidad de Nazaret nos enseña a no mirar al cielo para buscar a Dios porque el mundo y especialmente las personas son teofanía patente.
De la misma manera que la presencia del Padre se escondió para Jesús en José, todas las personas ocultan en su ser la presencia de Dios. Y hay que saber ver, pedir cada día: “Señor, que vea, que te vea!” Juan de la Cruz lo decía poéticamente:
“Descubre tu presencia y hermosura...”
Para poder rezar por la noche:
“Mis ojos han contemplado al Salvador...” Con la clara conciencia de que si no lo hemos sabido ver, si no lo hemos contemplado, ese no es un día vivido en Nazaret.
Cada vez más “la exquisita fragancia” (Manyanet) que emana del Misterio de Nazaret atrae a más y más cristianos que encuentran en la espiritualidad de Nazaret la manera de vivir en el mundo transformándolo desde dentro. Cada vez son más los que saben que en Nazaret hallarán la paz y verdadera alegría que el corazón desea.
Vivir en Nazaret supone buscar al Dios que siempre “es ido”, al Dios que sólo deja huellas. Al Dios que nos dice: Buscadme y viviréis (Am 5,4)

Como vive por siempre la Trinidad de la tierra, Jesús, María y José.

martes, 15 de septiembre de 2009



EL CLAMOR DE NAZARET (I)


Con frecuencia se oye, al hablar de Nazaret y su espiritualidad, de esa lección de silencio y vida oculta que nos ofrece el misterio de la Trinidad formada por la Santa Familia. Pero creo que ese silencio, como el de los millones de pobres y desamparados, de ese mundo sufriente y dolorido que pese a no tener voz es ya grito y clamor, es ya Palabra gritada, Palabra que es preciso atender. Es verdad que podemos seguir haciéndonos los sordos pero no por ello Nazaret deja de ser, para quien quiere oir, una Palabra in crescendo, un Misterio que se revela a lo largo de los siglos.
El mensaje de Nazaret es insondable. Vamos, no obstante, a escuhar algunas de las palabras más claras que nos hace llegar. Y lo vamos a hacer como esa devoción tan arraigada que cada año rememora las siete palabras de Cristo en la Cruz. Jesús, José y María también nos hablan.

PRIMERA PALABRA: ESCUCHAR

El hogar de Nazaret es la realización perfecta de aquel paraíso que nos narra el libro del Génesis. Sabemos que la bella descripción del Edén, realizada en el exilio de Babilona, no es algo histórico que se hubiere perdido sino el fin al que tendemos. Es nuestra vocación última. En ese ámbito, Dios y la persona pasean juntos por el jardín y conversan como amigos.
Conversar significa escuchar. Todo el Antiguo Testamento está atravesado por la palabra “escuchar”. Dios reclama a su pueblo que lo escuche y el hombre reclama a Dios que lo escuche. Los profetas son, por definición, aquellos que han escuchado y hablan en nombre de Dios. La oración que la Sagrada Familia recitaba varias veces al día comienza diciendo: Escucha Israel...
Nazaret es ámbito de escucha. Escuchar supone atención amorosa a la Palabra de Dios que no se manifiesta en el terremoto sino en la brisa suave. Dios habla continuamente y sólo la arrogancia y la rebelión impiden oír lo que éste nos dice. Dios es el Dios que reclama continuamente a Israel que le escuche porque desea instruir su corazón, mostrarle sus decretos para llevarlo a la Vida. Pero Israel no hizo caso.
Pues bien, Nazaret es el nuevo y definitivo Israel, aquel que escucha atentamente las palabras divinas. No solo eso: es el que se sabe escuchado por Dios porque Dios escucha siempre al pobre, al afligido, al que sufre persecución. Jesús asimiló tan profundamente esa lección de vida que en la cruz, cuando Dios parece el gran ausente, Él sigue hablándole, convencido en medio de su desgarro, de ser escuchado: “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado?” Aprendió de sus padres esa absoluta confianza en que Dios siempre nos escucha. Y aprendió a escuchar, puesto que tanto José como María eran, por definición, los oyentes de la Palabra.
La Palabra se escucha, no se lee. Podemos leer libros de ciencia o libros que nos sirven de distracción. Los leemos, los pasamos por la mente. Pero la Palabra es siempre interpersonal y debe ser escuchada con el corazón. No leemos lo que Dios nos dice, lo escuchamos. Y el verbo escuchar está íntimamente relacionado con obedecer. Ob-audire, obedecer lo que se oye. Por eso Jesús exigirá que sus palabras sean escuchadas y puestas por obra. Sólo así nuestra casa se construirá sobre roca.
Escuchar supone estar atento a las circunstancias de la vida, a los hechos, a las personas. Por tanto, Nazaret es una espiritualidad que nos sumerge en la realidad. No es una torre vigía desde donde se contempla todo sino una calle por la que transita Dios con las ropas del vecino, del enfermo, del emigrante. Nazaret es barro y polvo, suciedad y cansancio. No es monasterio ni convento, palacio ni iglesia. Es mercado, plaza, fuente y camino. Es murmullo y encuentro, relación y amistad, sorpresa y ayuda. Esa espiritualidad de lo real es la sanación de la persona porque sabemos que, en la medida que nos refugiamos en mundos virtuales o de fantasía, enfermamos. Nazaret es la salud del mundo, el pan amasado, la luz encendida. Alimento y fiesta.
Para escuchar es preciso el silencio que tan bien definía Pablo VI: “El silencio es la actividad profunda del amor que escucha” No es pasividad porque supone ir acallando los sentidos – tan estimulados hoy, tan exacerbados, tan excitados – hasta que “estando ya mi casa sosegada” pueda salir de casa “en ansias, en amores inflamada”. Escuchar a Dios presupone adoración. No se le escucha a Él como puedo escuchar una preciosa sinfonía. Porque escuchar a Dios supone concederle primacía, poder para transformar – Él y sólo Él – mi vida. Los tres de Nazaret fueron absolutamente configurados por la Palabra.
José, convertido en custodio del Misterio, fue el nuevo Noé que guió el arca de la Nueva Alianza y salvó para Dios, en su Hijo, toda la humanidad. Su pequeña casa recuerda esa arca de Noé que flotó sobre las aguas del diluvio para comenzar de nuevo. Sólo que ahora estamos ya ante el comienzo definitivo, ante una nueva creación.
María que llevó en su seno la Palabra no sólo la escuchó sino que la entregó al mundo. Engendrada por ella, la engendró; alimentada por ella, la amamantó; obediente a ella, la educó. Ella, con José, hizo humana la Palabra divina a fin de que pudiéramos entenderla.
Y Jesús, habituado a escuchar, tomó conciencia de que en Él la revelación era plena. Por eso pudo decir: Habéis oído...pero yo os digo...
Los tres vivieron inmersos en la Palabra, en su escucha. Pero no la entendieron, la acunaron en su corazón. Jesús retrata su familia cuando nos habla del campesino que siembra el campo y se va a dormir y, sin que él sepa cómo, ve como va creciendo y brotando la semilla. Dios no reveló a la Sagrada Familia sus planes. Les pidió que escucharan día a día. Y la atención a cuánto Dios decía a través de las pequeñas cosas convirtió una vida anodina en una vida colmada de gozo. Porque es un gozo jugar al escondite con Dios y andar descubriéndolo a cada paso; porque es una alegría todo encuentro con su Presencia.
Escuchar es sinónimo de amor, de adoración, de alegría. Porque quien vive en Nazaret escucha que Dios “está en la puerta y llama. Y abre la puerta para que entre y se siente a cenar con él y El con nosotros (Ap, 3,20). Eso es Nazaret: banquete diario con Dios, conversación de sobremesa. Y sin darnos cuenta casi, configuración de un rostro y un talante que nos lleva a tener los mismos sentimientos de Dios.
Nazaret es pues buena noticia para tanta soledad como hoy conocemos, para tanta tristeza, para tanto deseo de ser escuchado y escuchar.
Dios está en nuestra mesa.

sábado, 12 de septiembre de 2009

AL COMENZAR EL CURSO.

Comenzar un nuevo curso puede ser una buena oportunidad para revisar la motivación profunda de cuanto hacemos. Siempre nos quejamos de "no tener tiempo", de "no dar abasto"...de...¿diría lo mismo María o José? Quizá en ellos y en el estilo de Nazaret se inspira esta dramatización titulada "la mujer invisible". Te invito a que la lleves a la oración personal.

miércoles, 29 de julio de 2009



"Es de todo punto necesaria la vuelta al interior, entrar dentro de nosotros mismos, para que Dios nazca en el alma. Apremia lograr un fuerte impulso de recogimiento, recoger e introducir todas nuestras potencias, inferiores y superiores, y trocar la dispersión en concentración, pues, como dicen, la unión hace la fuerza.
Cuando un tirador pretende golpe certero en el blanco cierra un ojo para fijarse mejor con el otro. Así el que quiera conocer algo a fondo necesita que todos sus sentidos concurran en un punto, dirigirlos al centro del alma de donde salieron."

Juan Tauler