viernes, 12 de marzo de 2010





NOVENA A SAN JOSÉ (II)

JOSÉ, IMAGEN DEL BUEN ESPOSO

Por intercesión de San José, bendice Señor a todos los esposos para que, como él, sepan custodiar la familia que han formado, respeten y amen a su esposa y ayuden a crecer física y espiritualmente a sus hijos. Que como José sepan asumir la responsabilidad de proteger la familia en tiempos adversos y que su trabajo sea siempre ofrenda de amor a los suyos.

jueves, 11 de marzo de 2010


NOVENA A SAN JOSÉ
JOSÉ, IMAGEN DEL PADRE (I)
Bendice Señor a todos los padres del mundo; a los que estrenan su paternidad con gozo y a los que ya tienen varios hijos; a los que cuidan solos de sus hijos; a los que emigran para dar un futuro mejor a sus hijos; a los que lloran la muerte de un hijo, a los que sufren, impotentes, al verlos enfermos.
Que el corazón de todos los padres sea como el de San José!

jueves, 4 de marzo de 2010


SAN JOSÉ...EL GRAN OLVIDADO.
“Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre" (Mt. 1,16) y ya me explicarán ustedes si la Iglesia no se ha empeñado en separar, durante siglos, a San José de su esposa María. Basta con mirar nuestras iglesias: ella en lugar destacado en el presbiterio, a veces incluso más visible que la cruz de Cristo; él, cuando hay suerte, en una capilla lateral oscura y llena de polvo. Ella, mi Madre, nuestra Madre, llenando oraciones, fiestas litúrgicas, cantos, bellísimas obras de arte; él pintado como un viejo durante siglos, sin aparecer en muchos villancicos…
Si yo fuera María, si yo fuera Jesús ¡cuán indignada estaría! Por suerte la devoción popular se ha avanzado a la teología, a la liturgia incluso, y comenzó ya en el siglo XVI a venerar a San José. Cuenta el P. Llamera que en cierta ocasión una viejecita para dar razón de su gran devoción a San José contestó: ¿No ve usted que lleva al Niño en sus brazos?" (P.B. Llamera, Teología de San José, BAC, Madrid, 1953, p.XV).
Pero si él, Custodio de Dios, Vicedios, como lo llama Valdivieso bellamente, lleva al Niño en brazos ¿por qué seguimos con aquello de que sólo por María se llega a Jesús? Cuando hago mi defensa apasionada de San José siempre encuentro alguien que me mira mal y me acaba diciendo: debes querer poco a la Virgen. Pues no, la quiero, mi familia me trasmitió la devoción a la Virgen bajo el familiar nombre de Moreneta pero entiendo que María no se explica sin José. A la Sagrada Familia no podemos cantarla por separado: Jesús por un lado, María por otro y José…para quien se acuerde. ¿Cuántas veces Jesús adolescente no entraría en una casa diciendo “vengo de parte de mi padre” como dijo de mayor para referirse a su misión? Y ¿no es posible pensar que al recitar las bienaventuranzas viera, como en reflejo, la figura de su padre José?
Leonard Boff ha escrito un bellísimo libro sobre San José que edita Sal Terrae lo recomiendo vivamente. Pero aún más recomiendo que hagamos nuestro aquel “Ite ad Joseph”, id a José, en cualquier situación de nuestra vida. A su lado encontraremos siempre a María. Y en sus brazos al Niño. Que de ahí le viene a José la grandeza: Dios se acurrucó en sus brazos para dormir tranquilo…
Sigamos el ejemplo de "las almas más sensibles a los impulsos del amor divino", las cuales "ven con razón en José un luminoso ejemplo de vida interior" (JUAN PABLO II, o.c. , 27).


lunes, 1 de marzo de 2010


COMIENZA EL MES DE SAN JOSÉ
Porque fue varón justo,
le amó el Señor,
y dio el ciento por uno
su labor.
Humilde magisterio
bajo el que Dios aprende,
¡quien sepa de misterio!
Si Dios en cautiverio
se queda en aprendiz,
¡aprende aquí la casa de David!
Sencillo, sin historia,
de espalda a los laureles,
escalas los niveles
más altos de la gloria.
¡Qué asombro, hacer memoria,
y hallarle a tu ascensión
tu hogar, tu oficio y Dios como razón!
Y, pues que el mundo entero
te mira y se pregunta,
di tú cómo se junta
ser santo y carpintero,
la gloria y el madero,
la gracia y el afán,
tener propicio a Dios
y escaso el pan.

(José Luis Blanco Vega s.j.)


viernes, 26 de febrero de 2010



LA TRANSFIGURACIÓN

Los cristianos de Oriente fueron los primeros en celebrar la Transfiguración. Esta fiesta fue introducida en Occidente en el siglo XII por uno de los abades de Cluny, Pedro el Venerable.
En los Evangelios, los relatos de la transfiguración quieren hacernos entrever quién es Jesús verdaderamente y conducirnos a participar en su misterio.
En el monte, Jesús está en oración, en una gran intimidad con Dios (Lucas 9, 28-36). La voz que sólo él había oído en el momento de su bautismo ahora se hace escuchar por los discípulos: «Este es mi Hijo, el amado» El misterio de Jesús aparece ante sus ojos : su vida consiste en esta relación de amor con Dios su Padre.
Jesús vive esta relación de amor desde toda la eternidad, pero también durante toda su existencia terrenal. Ella crece, se fortalece especialmente a través de las pruebas, y se revela cada vez más. Jesús elige apoyarse solamente en Dios, y mantendrá esta elección hasta en la noche más oscura, cuando dé su vida en la cruz.
¿No es este abandono radical y con total confianza lo que provoca que ante los ojos de los apóstoles brille en Jesús la luz de Dios? Moisés y Elías, que aparecen al lado de Jesús, habían sido, de forma evidente, guiados por esta luz. Pero ésta brilla en Jesús de manera única. En él, la luz de la resurrección ya se ha encendido. Su humanidad transfigurada irradia la plenitud del amor de Dios. Nunca nos cansamos de dejarnos maravillar por esta novedad eterna.
Por medio de la transfiguración, Jesús no sólo hace ver que está habitado por la luz de Dios, hace intuir que quiere compartir esta luz. No es sólo la humanidad de Jesús la que puede ser transfigurada, nuestra humanidad también.
Cuando, en la oración, contemplamos la luz de Cristo transfigurado, ésta se va transformando poco a poco en luz interior. El misterio de Cristo llega a ser el misterio de nuestra vida. También nosotros somos los hijos amados de Dios. Cada una, cada uno de nosotros es amado desde siempre y por siempre.
Como Jesús, podemos abandonarnos en Dios. Y Dios a su vez transfigura nuestra persona, cuerpo, alma y espíritu.
Entonces hasta las fragilidades y las imperfecciones se convierte en una puerta por donde Dios entra en nuestra vida. Los abrojos que dificultan nuestra marcha alimentan un fuego que alumbra el camino. Nuestras contradicciones interiores, nuestros miedos, permanecen. Pero , por el Espíritu Santo, Cristo entra hasta el fondo de lo que nos inquieta de nosotros mismos, hasta el punto que las oscuridades quedan iluminadas. Nuestra humanidad no es anulada, Dios la asume, ella puede encontrar en sí una cierta plenitud. Y somos libres, libres de avanzar hasta darnos por aquellos que Dios nos ha confiado.
Más allá de nuestras personas humanas, toda la creación ha recibido la promesa de una transfiguración. Cristo «transfigurará nuestro pobre cuerpo para conformarlo con su cuerpo glorioso, mediante el poder que tiene para someter a sí todo el universo.» (Filipenses 3, 21) Sí, él «hace todas las cosas nuevas.» (Apocalipsis 21, 5)
«¡Escuchadle!» dice la voz venida del cielo. Por el Espíritu Santo él nos habla. Nuestra actitud frente a la vida depende de nuestra atención a su presencia continua.
Estar a la escucha de Dios no nos ahorrará forzosamente dificultades. Si damos prioridad a esta escucha, nos haremos aun quizá más vulnerables. Pero una determinación interior crecerá, y con ella una soltura para entregarnos más fácilmente al soplo del Espíritu Santo. Seremos más capaces de discernir la presencia de Dios en el mundo y seguiremos más valientemente su voluntad.
Con frecuencia, comprendemos poco sobre cómo es posible nuestra propia transfiguración. Nuestra confianza, como la de los discípulos, se queda corta, nuestra fé no deja de ser pobre. Con todo, mirar la luz de Dios nos transforma ya.
En el monte de la transfiguración, es toda la Iglesia la que está representada en Pedro, Santiago y Juan. Si nosotros también escuchásemos más a menudo todos juntos, en una humilde oración común, la voz de Dios, quizá la comprenderíamos mejor. El Espíritu Santo podría actuar mejor y-¿quién sabe?– él podría hasta sorprendernos.


Hno Alois de Taizè

lunes, 22 de febrero de 2010

EN ESTA CUARESMA, VENCE EL MAL CON EL BIEN...

miércoles, 17 de febrero de 2010


DIEZ PASOS PARA ESTA CUARESMA


Javier Leoz


1. El paso de la oración. Con él nos acercamos a Dios. Sin él, nos aislamos y vivimos sin comunicación con el Padre. Sin la oración, la desorientación acosa nuestra vida espiritual. En lo secreto, siempre Dios recompensa cuando se está con El.


2. El paso del amor. Con el nos convertimos en Cristo que da, que ofrece. Sin el, nuestra fe, se puede transformar en una gran mentira. En este paso se condensa toda la vida de Jesús.


3. El paso del ayuno. Con él adelgazamos todo aquello que nos impide entrar en contacto con Dios. Moldeamos, con este paso, nuestro cuerpo espiritual. El ayuno, por si lo hemos olvidado, nos ayuda a tomar conciencia de nosotros y de nuestra propia voluntad.


4. El paso del silencio. En un entorno colapsado por miles de ruidos, el silencio, es algo necesario: útil para escuchar a los demás, urgente para oxigenarnos e imprescindible para intuir a Dios.


5. El paso de la Eucaristía. Con ella, el camino se hace más fácil y más lleno de vitalidad. Con ella no nos falta lo preciso para batallar contra aquello que dificulta y distorsiona nuestra vida cristiana.


6. El paso de la contemplación. En una realidad envuelta por la imagen parece que sólo existe lo que nuestros ojos ven. La cuaresma nos invita a contemplar, a llenar de sensaciones nuestro interior. A no dejarnos seducir por lo puramente externo.


7. El paso de la conversión. Todos somos limitados y, por lo tanto, susceptibles de algún fallo o carencia. Volver de posturas equivocadas, de cerrazones o orgullos personales nos hará vivir la Pascua con más autenticidad


8. El paso de la sobriedad. No es más rico quien tiene, sino aquel que sabe vivir con lo que posee. Jesús nos invita a poner el acento en el “ser” de la persona. Quien pone sus objetivos en el “tener” puede llegar a vivir sin ser feliz.


9. El paso del perdón. La convivencia diaria lleva a momentos de distanciamiento o tensión. Sólo mirando a la cruz hay motivos, más que suficientes, para olvidar, perdonar y comenzar de nuevo.


10. El paso del arrepentimiento. Como personas tenemos mil virtudes y, como humanos, erramos con diversas actitudes, silencios o actitudes. La Pascua, además , nos exige algo tan elemental como un corazón limpio y un interior bien dispuesto.