sábado, 30 de enero de 2010


BIENAVENTURANZAS DE NAZARET
Enhorabuena a los pobres y pequeños, porque su irrelevancia la ha convertido el Verbo de Dios en “la tienda del encuentro”.

Enhorabuena a todos aquellos que han hecho de la irrelevancia, insignificancia y pequeñez, estilo de vida, porque han elegido como forma de vida la del Verbo de Dios en Nazaret.

Enhorabuena al empobrecido, al pobre, al indigente e infortunado, porque el Verbo Encarnado les da la posibilidad de reconocerse en su dignidad de personas y de hijos de Dios.

Enhorabuena a los que han optado por compartir con los pobres y empobrecidos, vivienda, barrio, trabajo, lucha y hasta aspiraciones profundas, porque esa presencia, hecha con amor, produce el milagro de que los pobres se reconozcan en su dignidad de personas e hijos de Dios.

Enhorabuena a los que hacen de la presencia, encuentro, porque ahí se encontrarán con el Hijo de Dios.

Enhorabuena los que hacen del encuentro, diálogo, porque el Señor les ha prometido ser su amigo.

Enhorabuena a los que hacen del diálogo, intercambio de vida, porque se encontrarán con el cariño misericordioso de Dios.

Enhorabuena a los que hacen de la vida, vecindad, porque el Verbo de Dios pone su tienda entre ellos.

Enhorabuena a los que hacen de la vecindad, conciencia de pueblo, porque ellos pertenecen a la familia de los hijos de Dios.

Enhorabuena a los que hacen de la conciencia de pueblo, historia solidaria, porque ellos se podrán reconocer como verdaderos colaboradores de un mundo nuevo.

Enhorabuena a los que optan por la calidad de la presencia entre los insignificantes de este mundo, porque su manera de estar en el mundo ha sido convertida en espacio de dignificación para los pobres.

Enhorabuena a los que apuestan por estar, vivir y ser con los que no son nada a los ojos del mundo, por amor, porque al tomar esta opción están siendo dignificados por los predilectos de Dios.

Enhorabuena a todos los sencillos y pobres trabajadores porque Jesús de Nazaret los ha hecho signo y sacramento de su presencia salvadora en medio de la humanidad.

Enhorabuena a todos los que optan por los empobrecidos y su liberación, porque el Obrero de Nazaret les da la posibilidad de encontrar en Él el sentido profundo y pleno de sus luchas y desvelos.

Enhorabuena a todos los que colocan sus vidas en las manos de Jesús de Nazaret y Señor de la historia, porque se sentirán seguros como la vasija en manos del Alfarero.

Enhorabuena a los que saben gestar la palabra en el silencio, porque su aportación nunca será ineficaz.

Enhorabuena a los que saben traducir en el silencio de su corazón la Palabra de Dios a palabra de hombre, porque su palabra sabrá y sonará siempre a palabra de Dios.

Enhorabuena a los que se arriesgan a hacer de su vida un auténtico éxodo: ellos descubrirán como Promesa cumplida las maravillas de Dios en el corazón de los pobres.

Manolo Barco



viernes, 29 de enero de 2010

GRACIAS A TODAS LAS PERSONAS QUE HAN HECHO POPULAR LA "VISITA ESPIRITUAL A NAZARET-1"
QUE LA SAGRADA FAMILIA OS BENDIGA...

CINE DE CALIDAD

Las diez mejores películas del cine espiritual del 2009


Nos parece hoy imprescindible elegir bien lo que vemos para ser mejores personas. Y creemos que este tipo de cine invita a profundizar en los grandes interrogantes, propone una mirada abierta al misterio de Dios y provoca a ser buena gente.

LAS DIEZ MEJORES

El año señala la fecha del estreno original aunque todas fueron estrenadas en el 2009 en España.

1. Gran Torino (2008) Clint EastwoodClint Eastwood es uno de los grandes maestros que en los últimos años hemos señalado, y probablemente señalaremos, como una de las filmografías de más interés espiritual. En Gran Torino ha sabido contar una historia sencilla como una enorme fuerza dramática planteando temas espirituales de calado como el sentido del perdón, la redención como sacrificio o el camino de conversión. La experiencia con el público nos permite afirmar que es una película que llega profundamente a los jóvenes y a los adultos. Y desde el punto de vista cristiano no solamente presenta una imagen positiva de la Iglesia representada en el padre Janovich sino que también ofrece una poderosa imagen crística en las decisiones finales del protagonista.

2. Amazing Grace (2006) Michael AptedA pesar de un estreno lamentable (por el escaso número de copias, la rapidez de su paso por cartelera y la oferta únicamente en versión original subtitulada), nos encontramos con una de las películas más importantes desde el punto de vista espiritual de este año. Este homenaje homenaje a William Wiberforce -un parlamentario de la Cámara de los Comunes, que dedicó, desde su juventud, su actividad política a la lucha contra la esclavitud y las injusticias sociales- se nos presenta con una magnífica puesta en escena y una serie de actuaciones excepcionales en la tradición del mejor cine británico. Marcada profundamente por la perspectiva social cristiana es una película imprescindible para conocer la fuerza ética del Evangelio y su herencia en nuestra cultura.

3. Katyn (2007) Andrzej WajdaSobrecogedora película del maestro polaco Andrezej Wajda con la que ha querido sellar su amplia y significativa filmografía. Este testamento fílmico trata del genocidio de Katyn perpetrado por el comunismo soviético en 1940 y que afectó personalmente al director ya que su padre era uno de los 20.000 oficiales y ciudadanos polacos asesinados. Narrada desde la perspectiva de los supervivientes, especialmente mujeres, es un himno a la reconciliación desde la memoria que busca la verdad. La fe católica se muestra con intensidad en distintos momentos pero de forma más contundente en los últimos minutos. Así el último plano es un icono que no conviene olvidar y menos enterrar. Lástima que, también en este caso, el público se mueva más por la publicidad manipuladora que por la elección del buen cine.

4. Slumdog Millionaire (2008) Danny BoyleEsta si que ha sido una película de éxito entre el gran público, a lo que sin duda ha contribuido que arrasara en los Oscar, llevándose ocho estatuillas. El director Danny Boyle, de formación y convicciones cristianas, ha sabido contar una dura historia sobre la superación desde la miseria hasta la victoria. Narrada como un cuento de hadas, sigue la historia de tres muchachos que nacen en las barracas de Calcuta, y como desde el protagonista de Jamal verán como triunfa la bondad y el amor más allá de la injusticia y la violencia. Con un formato innovador, un ritmo trepidante y el cruce de tres tiempos de la historia nos presenta una intriga que mueve al espectador a la esperanza y que invita a reconocer la presencia de la Providencia que acompaña los acontecimientos respetando la libertad pero alentando la bondad.

5. The Visitor (2007) Thomas McCarthyEs la historia de una visita de gracia en la que se ve envuelto un oscuro profesor universitario, genialmente interpretado por Richard Jenkins, que tras quedar viudo vive en el sinsentido y al que le cambiará la vida su encuentro con Tarek. Este sirio que lleva la percusión en su corazón representa la alegría y las ganas de vivir que faltan al protagonista. En este itinerario de transformación veremos como crece en él la sensibilidad y el compromiso, la capacidad de amar y el ejercicio responsable de la libertad. Una película que además es un grito contra la injusticia de las leyes de inmigración y que plantea como a veces la sorpresa de la bondad nos puede venir de los otros más lejanos, de los que no son de nuestra misma cultura. Una película imprescindible de buen cine, contado con precisión y hondura antropológica.

6. La caja de Pandora (2008) Yesim Ustaoglu.La enfermedad de Alzheimer de la abuela abrirá la caja de Pandora de una familia que vive en la orilla de la infelicidad. Como si una maldición cayera sobre ellos, cuando la anciana, genial una Tsilla Chelton de 89 años, desaparece de casa. Con esta fuga comienza un periplo hacia la verdad que les implicará a todos ellos, cuando han de acudir a una aldea de montaña en la costa del Mar Negro. La lucidez de la demencia, la verdad de los locos, no logrará doblegar el desvarío de los que están instalados en la comodidad o en el fracaso; pero sí logrará mover a los que sienten que la es vida va mucho más allá y que siempre están dispuestos a subir a una montaña, aunque ya la fuerzas sean escasas. Una alianza donde los más viejos transmiten la esperanza a los más jóvenes.

7. Despedidas (2008) Yojiro TakitaDaigo, un violonchelista en paro, descubre su vocación cuando abandona Tokio con Mika, su mujer, y acude a la ciudad y casa donde vivió su infancia. Un proceso lento y sorprendente le convertirá en un especialista en el nôkan, ritual mortuorio japonés que supone una rememoración del difunto desde el acto de embalsamamiento. En su aprendizaje se irán cruzando una serie de historias de reconciliación de los vivos con los muertos e irá, poco a poco, abriendo su propia historia a un camino de pacificación. La película nos llegará a emocionar y nos permite contemplar la muerte con una perspectiva distinta que supone una autentificación de la vida y una llamada a asumirla aceptando su dramatismo pero desde una confianza dispuesta a reconocer que estamos en buenas manos.

8. El curioso caso de Benjamin Burtton (2008) de David FincherBasada en una novela de F. Scott Fitzgerald trata de la vida singular de Benjamín: un extraño bebé que nace siendo anciano y que con el paso del tiempo terminará convirtiéndose en un bebé. Está construida como la confesión de una madre a su hija sobre su verdadero padre, cuando se acerca el huracán Katrina y la muerte de la anciana. Este extraño personaje que tendrá un cuerpo que crece a la inversa que su espíritu nos ofrecerá a un personaje que madura de una forma distinta y que también tendrá que amar a Daisy -su fiel y verdadero único amor-, de una forma distinta aunque no por ello imposible. La película puede ser un comentario al Eclesiastés donde desde la perspectiva del final se descubre una mejor orientación del recorrido. Cuando ya se ha experimentado la decrepitud del final se valora aquella fe que reconociendo que “todo es vanidad”, sabe que la vejez no es para débiles.

9. El erizo (2009) Mona AchacheAdaptación del famoso libro de Muriel Barbery La elegancia del erizo y que supone el primer largometraje de la directora francesa Mona Achache. Basada en el contraste de dos personajes: por una parte, una niña con un rico e inteligente mundo interior; por otra parte, la portera del número 7 de la calle Grenelle, una mujer descuidada y un tanto huraña. Pero ambas tendrán un secreto que saldrá a la luz con la llegada de Kakuro Ozu, un elegante viudo japonés. Esta revelación nos servirá de disculpa para comprender el secreto profundo de las personas y como a veces lo esencial no está en las apariencias. Marcada por referencias culturales y filosóficas la película es una invitación a vivir amando para superar el tedio del vacío ambiental. No perder de vista la actuación sobresaliente de Josiane Balasko y la banda sonora de Gabriel Yared.

10. Frozen River (2008) de Courtney HuntHistoria sobre la resistencia y la amistad de dos mujeres que comienzan enfrentadas pero que tramarán un profundo lazo de solidaridad que tiene como origen común una maternidad trascendida y el deseo de amar incluso por encima de sus fuerzas.Dirigida por Courtney Hunt, a pesar de lo inhóspito de la naturaleza –representada en el río helado que da título a la película- nos presenta a los personajes con gran veracidad con una destacada actuación de Melissa Leo y una perfecta réplica de la desconocida Misty Upham. La dureza y la desolación a la que nos enfrentan las imágenes nos permitirá encontrar en el alma de las protagonistas una generosidad desmedida que devuelve la confianza en el ser humano incluso en las situaciones de soledad y límite a las que se enfrentan.
PEIO SÁNCHEZ

sábado, 5 de diciembre de 2009



EL CLAMOR DE NAZARET (VII)

SÉPTIMA PALABRA: CRUZ

Sé de antemano que no voy a tener palabras porque no se tienen para explicar el dolor y la muerte. Como un mazazo que me dejó temblando cayó sobre mí el súbito descubrimiento de que la primera vez que se escribe oficialmente para la historia el nombre de Nazaret es para que éste figure clavado en una cruz. “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”.
Nazaret nace para el mundo en el Gólgota. Y nace escrito de la mano de un pagano. Desde ese momento es imposible disociar el nombre de Nazaret de la cruz. En muchos hogares está, por lo menos, la inicial que configura la primera palabra formada por siglas que se conserva: INRI. Y quizá esa “n” tan silenciosa, tan humilde que resulta invisible, bendice el hogar que la contiene.
Pilatos nos hizo, sin saberlo, un gran favor. Nos legó el nombre de Nazaret pero sobre todo, clavó en la cruz una inmensa lección de teología: el hogar de Nazaret, de donde era ese despojo humano colgado en la cruz, tenía al final del camino, la cruz como horizonte. No pretendamos pues, vivir la espiritualidad de Nazaret sin asumir que nuestra vida estará también vinculada a la cruz.
Nazaret es, por supuesto, silencio, trabajo bien hecho, oración constante y paz interior. Pero es la cruz, el sacrificio aceptado, quien vertebra ese Misterio que tanto nos atrae. No se trata de representar, como tantas veces ha hecho el arte, a un Niño jugando con la cruz en el taller de José. Con la cruz no es posible el juego.
María debió temblar cuando Simeón completó el anuncio del Ángel:

“Alégrate (Lc 1,28)... una espada atravesará tu corazón (Lc 2,35)

También a José el ángel le habla de muerte, le ordena huir para salvar al niño (Mt 2,13)
El evangelio hubiera sido una maravillosa fábula si no llevara en sus orígenes el certificado de dolor. “Sólo el sufrimiento hace creíble el amor” (Pablo VI). Y no hubo hogar más creíble, más auténtico, que el de Nazaret. Los tres asumieron la cruz; en los tres se realiza el canto de Isaías:

“No tenían forma ni belleza que envidiar,
ni aspecto que pudiéramos apreciar...
los teníamos por nada, despreciables.
Y, sin embargo, eran nuestros males los que soportaban,
Nuestros dolores los que cargaban...
Sus heridas nos han curado. (Is 52.53,5 )
[1]

Este texto, tradicionalmente aplicado a Jesús, puede ser leído en clave nazarena. La Sagrada Familia no destacó nunca, ni tuvo una vida envidiable. Nadie, salvo los vecinos de Nazaret, supo nunca de su existencia. Si la comparamos con los grandes del Imperio romano, con los patricios, con los poderosos, la suya fue una existencia despreciable. Sometidos a la murmuración de todo el pueblo cuando María quedó embarazada, yendo a empadronarse en vigilias del parto y sin alguien que acogiese a María en tal trance. Sin otra cuna que un pesebre y sin otras visitas que la de los pastores, esos seres marginales de la sociedad judía. Huyendo de noche, viviendo como emigrantes en un pueblo de cultura y lengua muy distinta a la suya. Con el miedo pegado al cuerpo, con la preocupación por sostener a la familia. Refugiándose en Nazaret y sumergiéndose en el anonimato.
José y María se sabían débiles. Pero pusieron su debilidad en manos de Dios y experimentaron que cuanto más débiles parecían, más fuertes eran (2 Cor 12,10), más se manifestaba en ellos la Gloria de Dios. Sus heridas nos curan a todos y Nazaret se convierte en Salvación, en Salud para el mundo.
Jesús fue el Ungido de Dios pero no fue ungido con aceite de realeza sino con corona de espinas. Y fue ungido porque se abajó como esclavo a lavarnos los pies. Porque aprendió de su madre a ser esclavo del Señor haciéndose esclavo de quienes más sufren. Vivir la espiritualidad de Nazaret significa pues saber estar concrucificado con Cristo y con el mundo.
Muchos autores espirituales han establecido el paralelismo entre el pesebre y la cruz. Los dos significan humillación, desnudez total. Hoy, muchos hermanos nuestros viven el dolor de ver a sus hijos en un pesebre: campos de refugiados, niños atados a un trabajo esclavo, niñas vendidas y prostituidas, adolescentes vendidos en plaza pública, niños arrancados de su hogar, mutilados por minas...Y muchos viven la cruz diaria del desprecio por ser extranjero, por ir sucio y oler mal, por no tener trabajo, por ser una “carga” cuando se es anciano...
Ser de Nazaret nos impide asistir desde nuestra confortabilidad a estas escenas diarias de injusticia. Es preciso abajarse, ponerse el delantal y comenzar a servir. Y eso solo sabemos hacerlo de forma auténtica si hemos aceptado la cruz en nuestra vida. Esa que nadie conoce o que es pública. Esa que duele o que humilla. Esa que no quisiéramos...Abrazarse a la cruz es ser fiel a Nazaret. ¿Acaso no estaba María al pie de la cruz?
La cruz es la Palabra: si buscas escuchar cuál es el mensaje de Dios para ti, fija los ojos en el crucificado que clama su sed. Tiene sed de ti, de tu corazón. Si buscas la cercanía de tu Dios en ese dolor que atraviesa tu vida, míralo traspasado y crucificado y escóndete en sus llagas. Si buscas la unidad porque sientes que tu vida se dispersa, contempla a Aquel que con la cruz ata para siempre el destino de la humanidad al Cielo, que es donde tenemos nuestra sede. Si buscas ver claro porque estás sumergido en la noche, acércate a la cruz y deja que Él te mire y te ponga en brazos de su Madre. Si buscas el sentido de tu existencia anodina y rutinaria, ama la cruz que atravesó, como columna, la vida rutinaria de Nazaret. Y, sobre todo, si buscas a Dios, no te muevas del Calvario porque allí, desfigurado, está el que desea transfigurarte. Allí está, más escondida aún que en Nazaret, la Divinidad. Que no te engañen los sentidos, que supla tu fe lo que ellos no perciben: esa vida tan cantada de Nazaret, esa vida sencilla y humilde, lleva al Gólgota. Quien emprende el camino espiritual de Nazaret debe saberlo.

[1] Adaptación libre al plural

viernes, 27 de noviembre de 2009





ESPERARÉ


Esperaré a que crezca el árbol
y me dé sombra.
Pero abonaré la espera con mis hojas secas.
Esperaré a que brote el manantial
y me dé agua
Pero despejaré mi cauce
de memorias enlodadas.

Esperaré a que apunte
la aurora y me ilumine.
Pero sacudiré mi noche
de postraciones y sudarios
Esperaré a que llegue
lo que no sé y me sorprenda
Pero vaciaré mi casa de todo lo enquistado.

Y al abonar el árbol,
despejar el cauce,
sacudir la noche
y vaciar la casa,
la tierra y el lamento se abrirán a la esperanza

(Benjamín González Buelta)

sábado, 21 de noviembre de 2009

viernes, 20 de noviembre de 2009

EL CLAMOR DE NAZARET (VI)
SEXTA PALABRA: RUTINA

La palabra rutina no nos gusta. La asociamos a aquellas cosas que parecen no requerir especial atención o creatividad. Pero lo cierto es que hemos ido creciendo en la forja de la rutina. Recordemos nuestra infancia, nuestra adolescencia y veremos cómo destacan recuerdos luminosos o tristes, sí, pero destacan en un mar de hechos sencillos que, seamos o no conscientes de ello, son los que nos han forjado.
La vida de Nazaret es, sin lugar a dudas, un nuevo génesis, una nueva creación. Con esa vida tan anodina se forja el Salvador. El relato de la Creación, en el libro del Génesis, es un maravilloso himno; hoy sabemos que la creación fue lenta, muy lenta y tuvo algo de invisibilidad; o quizá mucho. No obstante, desde el primer instante estuvo empapada de Luz como lo estuvo la vida de María y José
Qué bien lo percibieron los poetas:

“De una Virgen hermosa celos tiene el sol
Porque vio en sus brazos otro Sol mayor” (Lope de Vega)

Los científicos actuales reconocen no saber explicar casi nada y, mucho menos, la luz. De manera compleja hablan de un orden explicado y un orden implicado. Éste último sería el germen creativo de todo o en palabras de Swimme “un abismo que lo nutre todo”.
La vida pública de Jesús pertenece al orden explicado de la Salvación; mas la vida de Nazaret es el orden implicado, es el misterio insondable germen de esa nueva creación que aún se está expandiendo. Es el misterio que nutre a Jesús en todas su decisiones, en sus afectos, en su voluntad, en sus sentimientos. Es la escuela en la que ha aprendido, de una vez para siempre, que sólo es importante hacer la Voluntad de Dios. Jesús es la más maravillosa “creación” del Misterio de Nazaret. Y Él mismo exige, con su predicación, no ser el único.
En ese misterio nutriente de Nazaret no existe el tiempo tal como nosotros lo concebimos. Para Dios, canta el salmista “mil años en tu presencia son como un ayer que pasó” (ps 90) . Todo está ante Dios y por eso la espiritualidad de Nazaret se yergue sobre el “hoy”. Hoy es día de Creación, hoy es el tiempo de Salvación.
Podríamos poetizar la rutina porque Nazaret es pura rutina. Basta imaginar la vida de una familia normal y corriente que vive en un pueblo desdeñado por todos. En Nazaret no ocurre nada salvo alguna boda, un nacimiento, una muerte o alguna mala noticia que llega del mundo romano. Eso es lo explicado y explicable.
Pero la Santa Familia está recreando el mundo con una fuerza imparable mientras vive – qué tremenda para nosotros la palabra – sometida. A la Ley, a la obediencia…a la rutina. Recrean el mundo anclados en el hoy, fino conducto de tiempo que tiene sabor de eternidad.
El pueblo hebreo había aprendido a vivir pendiente del manná de cada día, había aprendido que sólo es cántico el cántico que se canta cada día. Jesús, en su vida adulta, enseñará a pedir el pan diario y prometerá al buen ladrón que es hoy que se entrega la Salvación. María y José habían reconocido el paso de Dios en sus vidas porque vivían naturalmente aquello que siglos más tarde un no-cristiano, Mahatma Ghandi, formularia:

“Si cuando metemos las manos en el agua para lavarnos o bañarnos, y cuando cocinamos la comida o la comemos, y cuando alineamos columnas de números en la contabilidad o trabajamos la tierra del campo o ejercemos cualquier otra profesión, y cuando hablamos y nos relacionamos con las demás personas en cualquier lugar, no realizamos exactamente la misma vida religiosa que si estuviéramos orando a Dios, el mundo humano jamás se salvará”.

Para la Sagrada Familia siempre fue tiempo de Salvación porque su rutina se elevó como el incienso de la tarde, como la oración más preciada.
Por eso, la rutina aparente de Nazaret es eso: sólo aparente. Para Jesús, José y María todo estaba transido de novedad divina porque Dios, grande y misterioso, requería cada día lo monótono, lo cotidiano de sus vidas para emerger y expandirse. La grandeza de los tres de Nazaret estriba en que supieron beber en su rutina hasta encontrar ese manantial que salta y da vida. Cuando Jesús, años más tarde, hable de dos mujeres que, haciendo lo mismo, merecen trato distinto pues una es tomada y otra dejada ( Mt 24,41) nos está explicando en qué consistió la santidad de Nazaret: santificar el tiempo que se nos da, escuchando los signos débiles de Dios. Sólo la gramática del amor nos permite semejante “milagro”. Sólo desde el amor captamos cómo Dios obra en mí, en el otro, en el mundo.
Para ello, José y María, debieron asumir, desde el principio, que Dios y ellos tenían ritmos distintos y acertaron a acompasar el suyo al de Dios, con lo cual su rutina – el taller, la casa...- se convirtió en la más maravillosa teofanía de Dios. Lo cotidiano amado, lo habitual transido de fe, los capacitó para lo extraordinario. Y Dios se manifestó en María y José, que tejieron día a día su vida sin aspavientos ni alborotos; sin entender mucho, la verdad, pero sobrecogidos de misterio. La rutina se hizo así “capaz de Dios” y el Verbo no pudo hallar cuna más cómoda para nacer.
Lo cotidiano está llamado, desde Nazaret, a ser transformado. A ser transfigurado. Y sólo si amamos nuestros ojos serán capaces de ver al Invisible en la visible sencillez que Dios nos haya asignado. .
Y Dios invadirá nuestra cotidianeidad, como invadió la de José y María, para permitir, casi jugando, que lo encontremos entre pucheros, en la oficina o en la cama de un hospital.
“Dichoso el que no se escandalice de mí” (Lc 7,28) dirá Jesús. Dichoso aquel a quien esa presencia arrolladora de Dios en la vida le basta y le sobra. Ya no es preciso esperar grandes revelaciones. Nazaret es la plenitud de los tiempos. Y esa plenitud nos la alcanza la Sagrada Familia, y en especial Jesús, al enseñarnos que nuestra cotidianeidad es tiempo de salvación.
Nazaret es el paradigma de lo que es el tiempo de Dios. Sólo si vamos a la escuela de Nazaret nos cambian los ojos, la mirada. Y lo ordinario se tiñe para siempre de un valor extraordinario.