martes, 21 de septiembre de 2010

UN CORTO QUE DICE MUCHO

El corto Día y Noche puede hablarnos de tolerancia ante el que piensa y ve el mundo de manera diferente; puede hablarnos de descubrir lo bueno que tiene el otro, de no polarizarnos; puede hablarnos de reconciliación entre hermanos, pueblos, naciones. También de reconciliación con mi propia sombra. Nadie posee la verdad. Sólo se encuentra al abrazar al hermano.

Day and Night - Dia y Noche - Cortometraje Pixar - Completo

lunes, 20 de septiembre de 2010


NAZARET, ESPEJO DE MI DEBILIDAD




Seguramente tú, que buscas a Dios, has experimentado en tu corazón aquel sentimiento de pequeñez que, incluso ante el esplendor de la naturaleza, puede sentir la persona.
Te sientes llamado a seguir a Cristo en su vida de Nazaret y, no obstante, percibes aún tus límites como un obstáculo para la santidad. Te sientes, quizá, como Pedro que exclama: “Apártate de mí, que soy un pecador” ( Lc 5,8 )
Quizá te humille reconocer que la pereza, la tristeza consentida, la sensualidad, la inconstancia, la falta de fe, la resistencia al abandono o tantas otras cosas tienen aún sobre ti, que buscas a Dios, mucho poder en tu corazón. ¿Has olvidado la palabra que te dice que el poder de Dios se manifiesta en la debilidad? (2Cor 12,9-10)
Puedes ser el mayor pecador de la tierra que eso no será, aún, tu debilidad. La única flaqueza que existe, la única debilidad que nos doblega es la de no ser capaces de poner nuestros límites, nuestras fuerzas y nuestros sueños, en manos de Dios. La persona que ante el mal que le rodea y le ciñe piensa que puede vencerlo con esfuerzo, con voluntad y dominio de sí, incluso con oración, está cerrando la puerta a la santidad.
Tu debilidad es, justamente, tu mayor talento. Ella va a permitir que Dios se acredite. Porque Dios espera colarse en tu vida por esa grieta, por esa fragilidad, incluso por ese pecado. No importa lo grande y fea que sea la grieta, no importa si amenaza resquebrajar tu vida. Cuando los que seguían a Jesús se encontraron sin nada para comer, débiles y hambrientos después de tres días, (Mt 14,13) esa situación conmovió las entrañas de Jesús que multiplicó panes y peces en tal abundancia que sobraron cestos llenos de ellos.
Mira ahora, tú que buscas a Dios, a los Tres de Nazaret. No los veas perfectos, inmaculados, puros. La debilidad de María, virgen embarazada, amenazada de muerte si José la denunciaba, movió a Dios a revelar sus planes a éste. Porque José, también frágil, construía ya sus proyectos para repudiar a María y aunque generosamente aceptaba pasar como “culpable”, en esa desazón, en esa angustia, en esa noche oscura, Dios se le manifestó. Nuestras noches, del tipo que sean, son el marco perfecto para que brille la Luz.
Con frecuencia decimos y rezamos que Dios se hizo hombre. A mí me gusta decir que Dios se hizo bebé, niño balbuciente y dependiente, pura fragilidad. Y ¿quién tiene miedo de un niño? Cuando yo abrazo un niño ¿me importa acaso saber que es frágil y débil? Son sus mismos límites los que suscitan en mí la ternura y la gratuidad. Santa Teresita se sabía mirada así por Dios cuando se esforzaba, decía ella, en subir la escalera de la virtud. Al final, impotente, levantaba los ojos al Padre y éste descendía amoroso para recogerla y, llevándola en brazos, subirla hasta la cumbre. Dios no es un juez que mire con desagrado esa mancha en mi expediente vital. Simplemente, se abaja y me abraza gracias a esa mancha. Feliz culpa, canta la liturgia, que nos mereció tal Salvador. Sólo si nos reconocemos niños heridos Dios puede curarnos.
Fíjate en Jesús, de quien canta el profeta: “sus heridas nos han curado”. Nace débil y muere en extrema debilidad. Herido y aparentemente repudiado por Dios. Vive como pobre y conoce, en su misión, el fracaso, la traición.
No podemos imaginar a la Sagrada Familia como una familia sin fisuras, sin dudas, sin miedos. Entre miedos y dudas crecieron en fe y confianza. Tú puedes, debes hacerlo también. Tendemos a buscar “apaños” para nuestra debilidad: el dinero, el prestigio, la excelencia profesional…Queremos sentirnos fuertes, seguros. Pero Jesús nos dice: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13 ). El “dinero” es todo aquello que provoca en mí una sensación de seguridad que no tiene su origen en Dios. Para los fariseos los rezos y el cumplimiento estricto de la Ley se convirtió en su “dinero”. Y cuanto más acumulaban, más se alejaban del rostro misericordioso de Dios.
Pregúntate: ¿Dónde buscas apoyarte, cuál es tu “dinero”?. Porque Dios tiene especial preferencia por los débiles: desarraigó a Abraham que, además, era viejo; Moisés era tartamudo, Gedeón cobarde, David un mujeriego manchado de sangre, Elías tendía a la depresión, Jonás huyó de Dios, Pedro negó a Jesús, Marta se inquietaba por todo, la samaritana era de muchos maridos…
Pero todos fueron pobres. Pobres de espíritu, porque conocieron su debilidad y la pusieron en manos de Dios. Creyeron, contra toda esperanza, que Dios podía brillar en su oscuridad. La oración de petición pura surge del corazón pobre, del corazón que sabe que sin Dios nada puede: “Señor, que vea”, “Dame de beber”, “Acuérdate de mí”. El pobre no acumula, recoge su manná diario y agradece. El pobre vive el padrenuestro y pide para hoy sabiendo que Dios sale fiador por nosotros.
Pon tu debilidad en manos de Dios. Puede que experimentes tu debilidad como algo “malo”. Pero puede que tu debilidad sean sueños, planes, proyectos santos. José y María tenían sus sueños. Y los abandonaron en Dios que superó con creces cuanto podían esperar. Jesús soñó la conversión de su pueblo y paladeó la cruz. Fueron frágiles, caminaron por nuestra misma vereda.
Pero el mismo Dios que se reveló en las lágrimas de Mª Magdalena, en la huida de los de Emaús, en la condición pecadora de Zaqueo, en la indignidad de la cananea, en el descuido de unos novios y en el llanto de Pedro, se revelará también en tu fragilidad.
Abándonate.

miércoles, 15 de septiembre de 2010


BERNARDETTE TAMBIÉN VIVÍA EN NAZARET


Bernardette no escribió propiamente estas palabras. Pero Marcelle Auclair recoge fragmentos de su vida y los hilvana dando lugar al precioso “Testamento espiritual” de Bernardette Soubirous. Falleció a los 35 años en medio de la incomprensión y el dolor. Pero ella supo amar la cruz y transformarla en cántico de gratitud. Una virtud muy propia de Nazaret


TESTAMENTO ESPIRITUAL

“Por la pobreza en la que vivieron papá y mamá, por los fracasos que tuvimos, porque se arruinó el molino, por haber tenido que cuidar niños, vigilar huertos frutales y ovejas; y por mi constante cansancio..., te doy gracias, Jesús.
Te doy las gracias, Dios mío, por el fiscal y por el comisario, por los gendarmes y por las duras palabras del padre Peyramale…
No sabré cómo agradecerte, si no es en el paraíso, por los días en que viniste, María, y también por aquellos en los que no viniste. Por la bofetada recibida, y por las burlas y ofensas sufridas, por aquellos que me tenían por loca, y por aquellos que veían en mí a una impostora; por alguien que trataba de hacer un negocio..., te doy las gracias, Madre.

Por la ortografía que jamás aprendí, por la mala memoria que siempre tuve, por mi ignorancia y por mi estupidez, te doy las gracias.
Te doy las gracias porque si hubiese existido en la tierra un niño más ignorante y estúpido tú lo hubieses elegido...
Porque mi madre haya muerto lejos. Por el dolor que sentí cuando mi padre, en vez de abrazar a su pequeña Bernardita, me llamó “hermana María Bernarda” te doy las gracias.
Te doy las gracias por el corazón que me has dado, tan delicado y sensible, y que colmaste de amargura...

Porque la madre Josefa anunciase que no sirvo para nada, te doy las gracias. Por el sarcasmo de la madre maestra, por su dura voz, por sus injusticias, por su ironía y por el pan de la humillación..., te doy las gracias.
Gracias por haber sido como soy, porque la madre Teresa pudiese decir de mí: “Jamás le cedáis lo suficiente”...
Doy las gracias por haber sido una privilegiada en la indicación de mis defectos, y que otras hermanas pudieran decir: “Qué suerte que no soy Bernardita”...

Agradezco haber sido la Bernardita a la que amenazaron con llevar a la cárcel porque te vi a ti, Madre... Agradezco que fui una Bernardita tan pobre y tan miserable que, cuando me veían, la gente decía: “¿Esa cosa es ella?”, la Bernardita que la gente miraba como si fuese el animal más exótico... Por el cuerpo que me diste, digno de compasión y putrefacto..., por mi enfermedad que arde como el fuego y quema como el humo, por mis huesos podridos, por mis sudores y fiebre, por los dolores agudos y sordos que siento..., te doy las gracias, Dios mío.
Y por el alma que me diste, por el desierto de mi sequedad interior, por tus noches y por tus relámpagos, por tus rayos..., por todo. Por ti mismo, cuando estuviste presente y cuando faltaste..., te doy las gracias, Jesús.

lunes, 13 de septiembre de 2010

LOS ACONTECIMIENTOS SON LOS MAESTROS QUE DIOS NOS VA DANDO PARA QUE NOS AYUDEN A SERVIRLO

(PASCAL)

jueves, 9 de septiembre de 2010

miércoles, 8 de septiembre de 2010

(La Virgen con sus padres, San Joaquín y Santa Ana)




La Natividad de la Virgen María.
La fiesta de la plenitud y el alivio
Cardenal J. Ratzinger. ( Benedicto XVI)


Una fiesta como la de la Natividad de la Santísima virgen María, por la época en que se celebra —es decir, cuando el tiempo, después de los calores estivales, se hace más suave, y cuando la uva y tantos otros frutos llegan a madurar— expresa muy bien dos conceptos: el de la "plenitud de los tiempos" (cf Gál 4,4; Ef 1,10; Heb 9,26) y el del alivio beneficioso aportado por el nacimiento de María.

Todo en el AT converge hacia el tiempo de la Encarnación, y en este punto comienza el NT. En ese momento de plenitud se inserta María, La Natividad de María —comenta san Andrés de Creta en la homilía sobre la segunda lectura del oficio de la fiesta (cf Sermón 1: PG 97, 810)— "representa el tránsito de un régimen al otro, en cuanto que convierte en realidad lo que no era más que símbolo y figura, sustituyendo lo antiguo por lo nuevo".

El tema de la luz recurre constantemente en la Fiesta de la Natividad de la Santísima virgen María: "Por su vida gloriosa todo el orbe quedó iluminado" (segundo responsorio de las lecturas del oficio). "Cuando nació la Santísima Virgen, el mundo se iluminó" (segunda antífona de laudes). "De Ti nació el Sol de la justicia" (ant. del Benedictus). Y junto al tema de la luz, obviamente, el tema de la alegría. "Que toda la creación... rebose de contento y contribuya a su modo a la alegría propia de este día" (segunda lectura del oficio).

"Celebremos con gozo el nacimiento de María" (tercera ant. de laudes). "Tu nacimiento... anunció la alegría a todo el mundo" (ant. del Benedictus).

Plenitud de los tiempos, luz y alegría. Quizá se logre entender mejor lo que representa el nacimiento de la Virgen para la humanidad si se tiene en cuenta la condición de un encarcelado. Los días del encarcelado son largos, interminables... Cuenta los minutos de la última noche que transcurre en la cárcel. Después, finalmente, las puertas se abren: ¡ha llegado la hora tan esperada de la libertad! Esos minutos interminables, contados uno a uno, nos recuerdan las páginas evangélicas de la genealogía de Jesús. Unos nombres se suceden a otros con monotonía: "Abrahán engendró a lsaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá... Jesé engendró a David, el rey. David engendró a Salomón..." (Mt 1,2.6ab). Hasta que suena, finalmente, la hora querida por Dios: es la plenitud de los tiempos, el inicio de la luz, la aurora de la salvación: "Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, el llamado Cristo" (Mt 1 .16).