lunes, 11 de febrero de 2013
viernes, 8 de febrero de 2013
REMA MAR ADENTRO
Estaba él a
la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba a su alrededor para oír la
palabra de Dios, cuando vio dos barcas
que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y
estaban lavando las redes. Subiendo a
una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra;
y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.» Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
Al verlo, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.» Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.” ( Lc 5,1-11)
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.» Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
Al verlo, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.» Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.” ( Lc 5,1-11)
El evangelio de este domingo nos sitúa en el lago,
entrañable marco de la primera iglesia.
Veamos algunos elementos significativos del texto:
La barca:
Jesús ve dos barcas en la orilla y escoge una para que su palabra llegue a esa
multitud que le sigue fascinada. Los Padres de la Iglesia veían en las dos
barcas el mundo judío y el de los gentiles y explicaban que Jesús se encarnó en
el Pueblo elegido. Pero ambos están atados, no han alcanzado plenitud. El Hijo
de Dios necesitó una cultura, una familia, una lengua una fe para, con este
soporte humano, hacer llegar al mundo la Palabra de Dios.
La barca se convirtió rápidamente en símbolo de la Iglesia. Desde ella –
aunque no sólo desde ella- la Palabra de Dios ha llegado a millones de
personas. Defectuosa, infiel a veces, avejentada…pero es el ámbito que Dios
escogió para revelarse. Qué duda cabe que hay muchas cosas que pueden y deben
cambiarse en la Iglesia pero lo único importante es que deje espacio a Cristo
para que, desde ella, hable.
Piensa un poco: ¿dejo yo en mi vida espacio a
Cristo? ¿puede Él servirse de mi vida como plataforma de evangelización? Mi
vida ¿está a su servicio?
Rema mar
adentro. ¡Qué maravillosa la palabra de Cristo que me invita a ir siempre
“mar adentro”! Porque Jesús me llama
siempre a separarme de todo lo que me ata, me llama a separarme de tantas
orillas que me estancan… Mi vocación es
la libertad. Ser quien soy. Vivir para lo que he nacido, esa es la
auténtica conversión. Todo ello conlleva esfuerzo - ¡rema!- pero tenemos la
certeza de que si vamos “mar adentro” es porque Él se ha posesionado ya de nuestra barca. “Si le
busco es que ya le tengo”…
Por tu
palabra echaré las redes. Siempre me sorprende la docilidad de Pedro,
profesional de las pesca, ante la orden del carpintero. Pero Pedro tiene la
experiencia del fracaso: toda la noche…y no ha pescado nada. Y precisamente en
ese momento, llega la orden.
Con frecuencia el fracaso es necesario para
descubrir lo esencial. El fracaso nos alcanza, si sabemos vivirlo, la humildad;
nos ayuda a asirnos a Dios, nos acrecienta la fe. Se diría que este es un
evangelio de especial aliento para la Iglesia de hoy. Una Iglesia que “fracasa”
en muchos aspectos, que está lejos del mundo joven, del mundo obrero, que tiene
a la mujer en la cuerda floja, que habla de forma tan clerical que no comunica con
facilidad…Son muchos los pastores que están ”quemándose” en multitud de tareas
pastorales de las que apenas se ven
frutos. El evangelio viene a recordarnos lo esencial: la Palabra de Dios tiene
una fuerza que ninguna de nuestras pastorales alcanzará jamás. Las parroquias,
los movimientos…deberían ser, básicamente, escuelas de oración donde la Palabra
tuviera la primacía.
Sólo si retornamos a la Palabra “pescaremos”. A
veces es preciso saborear nuestra ineficacia para levantar los ojos al Señor y,
fiados en Él, volver a echar las redes.
La
sobreabundancia. Siempre signo del Reino. Un banquete en el que sobra vino
de extrema calidad, una comida campestre en la que se recogen cestos con las
sobras del pan, unas redes que revientan… El reino es abundancia, Dios es la
extrema prodigalidad. ¿Soy yo Reino para los otros?
Apártate de
mí. Pedro experimenta su pequeñez. Él nada ha podido y con Jesús todo se
pudo. A medida que nos fiamos más de la Palabra de Dios conocemos más nuestra
pequeñez. Sentirse pequeño ante Dios es lo normal. También debería ser normal
el asombro ante la cercanía que Él busca, ante sus obras, su amistad…Deberíamos
vivir asombrados, nunca acostumbrados.
Este es, sí, un relato vocacional. Se ha aplicado
mucho a la vida consagrada. Pero por el bautismo todos somos consagrados y
todos estamos llamados a dejarlo todo para seguirle.
Ayúdanos, Señor, a remar mar adentro.
domingo, 3 de febrero de 2013
EL RECHAZO DE NAZARET
En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir en la
sinagoga: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos
daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que
salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?». Él les dijo:
«Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo
que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria».
Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os
digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se
cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país;
y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de
Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y
ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».
Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó. (Lc 4,21-30):
Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.
EL
NAZARET QUE RECHAZÓ A JESÚS
Siempre que hablamos de
Nazaret lo solemos hacer en tono elogioso. Pero hoy el evangelio nos lleva a un
Nazaret que no recibe a Jesús y lo expulsa con violencia de su seno. Habrá que
ver a fondo que nos dice a nosotros “los que vivimos en Nazaret” este
evangelio.
Fijémonos en las fases de la
reacción: el domingo pasado leíamos el fragmento –inseparable de éste- en que
Jesús lee en la sinagoga el texto de Isaías y declara sin empachos: “Hoy se ha
cumplido esta profecía”. El evangelista nos subraya que los ojos de todos
estaban fijos en él…Hoy se nos dice que todos estaban admirados.
Pero en el relato de hoy se
va abriendo ya camino otra postura que podríamos llamar de sutil perplejidad,
una postura que se manifiesta en la pregunta “¿No es éste el hijo de José?”.
Esta pregunta va a crecer como un
tsunami en oposición a la admiración inicial: sí, Jesús habla con sabiduría
pero…sólo es el hijo de José, lo conocemos todos, lo hemos visto crecer, jugar…
Comienza
el escándalo de la normalidad, el escándalo de lo
pequeño. Los nazarenos no esperaban a Dios pero sí al Mesías. Y cuando creen en
la posibilidad de que Jesús sea ese Mesías esperado, el rechazo vendrá por la
concepción de que es “uno de los nuestros”, demasiado “normal y corriente”.
Rápidamente se pasa de la perplejidad al rechazo violento, como si Jesús mismo hubiera pretendido
engañarlos. Antes, Jesús, que ha percibido las dudas en su
corazón, parece haberlas atizado señalando dos estados carenciales reconocidos
en Israel: la viudedad y la lepra. ¿Qué quiere decir Jesús? Creo que señala que
sólo desde la pequeñez que nos hace sentir la necesidad del otro somos capaces
de abrirnos al Otro. Viudas y leprosos vivían “dependientes de”. También yo
debería vivir dependiente de Dios, sólo así viviré abierto a su acción.
Los nazarenos rechazan a
Jesús porque no es como creen que debería ser. La imagen de Dios que tenemos
todos en nuestra cabeza nos puede convertir en gente de Nazaret que rechaza a
Jesús de Nazaret. Porque Dios nunca cumple mis expectativas, siempre es
distinto y cuando lo espero por un camino viene por otro. Es muy
bonito hablar de la sencillez y pequeñez de Nazaret. Cabría preguntarnos si
cuando el olvido – no cuentan con nosotros, no nos preguntan- la irrelevancia –
nadie parece caer en la cuenta de que existimos- la pequeñez, silencio etc envuelven
nuestra vida reaccionamos con ira.
O somos dignos hijos de la
Sagrada Familia, una familia que lee con asombro como Dios escribe en la
normalidad la gran epopeya de su amor.
ORACIÓN.
ORACIÓN.
Señor, yo también me he
criado en Nazaret. En el Nazaret de mi familia…y en ese otro Nazaret que tanto
amas. Hoy quiero ir contigo a un Nazaret misterioso, el de mi corazón. Allí
creces tú, día a día, sin que yo sepa cómo. Yo duermo y me levanto y tú, a
quien el Padre sembró en mi corazón, sigues creciendo. Mi corazón es tu Nazaret
y allí creces.
Pero también crece la
cizaña. Vino el Maligno, también sin que yo me percatase mucho, y sembró la
mala hierba.
Por eso, hoy voy de tu mano
al Nazaret de mi corazón. Ponte en pie en mi espacio más íntimo y vuelve a
proclamar con fuerza que has venido para mí. Has venido a liberarme pues vivo
cautivo, a devolverme la vista porque
con frecuencia nada veo, sólo percibo lo superficial y soy ciego a lo esencial.
Has venido a quitarme toda opresión…
Necesito oírlo de nuevo,
Señor, mientras aprendo a tener los ojos fijos en Ti. Porque si a veces me
canso es porque te miro y aparto de ti la mirada continuamente. Aún no he
quedado prisionero de tu Belleza, pues mil cosas me distraen.
En el momento de la
tentación, en el momento de hacerte a mi imagen y medida, no apartes Tú de mí
tu mirada. Apaga la tempestad que se levanta en mí cuando dudo, temo y me
rebelo. Cuando no respondes a mis expectativas.
Quizá la cizaña que en mí
hay quiera despeñarte por un barranco. Pero cuando, silenciosamente victorioso,
pases por en medio de mi mal, cógeme de la mano, Señor, y llévame contigo.
Donde tú estés, estaré yo,
Donde tú vayas, iré yo
Lo que tú ames, amaré yo.
Mi Jesús de cada día,mi Dios libertador.
viernes, 1 de febrero de 2013
NAZARET Y LA EUCARISTIA (II)
Lo ordinario. El pan es un elemento común. Y común es la vida que
se vive en Nazaret. Dios no quiso revelarse en el esplendor del Templo ni en la
magnificencia de un palacio. Dios se revela en una familia anodina, lleva una
vida común, vive en un pueblo irrelevante. Anodina, común e irrelevante son
palabras clave en la espiritualidad de Nazaret. Y para quedarse entre nosotros
Jesús escoge el pan. No un manjar exquisito de cocinas cinco estrellas sino
algo común, cotidiano. No obstante, el fino sentido común de todo pueblo ha
hecho del pan el centro de toda alimentación. Por eso hablamos de “ganarse el
pan” y no la langosta o el caviar. De una manera u otra hemos descubierto lo
esencial. ¿Por qué nos cuesta tanto descubrirlo en el plano espiritual?
En las mesas, el pan es habitual.
Para un cristiano, la Eucaristía debe ser habitual. Necesaria. Vivida con
serena profundidad, con gratitud y normalidad. Porque en el fondo no deja de ser
“normal” que Dios ame hasta el extremo. Por eso pienso que debe fastidiarle
enormemente esa catequesis tan mal hecha que ha “engrandecido” tanto el hecho
de ir a comulgar que ha acabado alejando a muchísimos creyentes que desean
encontrarse con Dios…pero no se atreven a acercarse porque siempre, siempre, se
hallan indignos. Cada vez que leo aquello de “más os valdría que os colgaran una rueda de molino al
cuello” me vienen a la memoria todos esos avisos que a veces se dan sobre la
necesidad de ir a comulgar con ciertos requisitos. Y voy viendo como algunos se
van sentando…
Habría que hacer una catequesis
del valor de lo ordinario, lo común, lo de cada día. Y concluir que Dios es
para cada día, que la Eucaristía es para cada día. No para los días de fiesta.
Que es pan, no caviar.
jueves, 31 de enero de 2013
POR MI FAMILIA
Podéis orar a la Sagrada Familia por vuestra familia: Padre nuestro que estás en el cielo, tú nos has dado un
modelo de vida en la Sagrada Familia de Nazaret.
Ayúdanos, Padre amantísimo, a hacer de nuestra familia un
nuevo Nazaret donde reine la alegría y la paz. Que sea profundamente contemplativa, intensamente eucarística
y vibrante de gozo. Ayúdanos a permanecer unidos en los gozos y en las penas
gracias a la oración familiar.
Enséñanos a reconocer a Jesús en cada miembro de nuestra
familia, particularmente cuando sufre y está herida. Que el Corazón eucarístico de Jesús haga nuestros corazones
suaves y humildes, semejantes al suyo.
Ayúdanos a cumplir santamente nuestra vocación familiar. Que nos podamos amar los unos a los otros como Dios nos ama a
cada uno cada día más, y nos perdonemos mutuamente nuestras faltas así como tú
perdonas nuestros pecados.
Ayúdanos, Padre amantísimo, a acoger todo lo que nos das con
una amplia sonrisa. Corazón inmaculado de María, causa de nuestra alegría, ora
por nosotros. Santos ángeles de la guarda, permaneced junto a nosotros,
guiadnos, protegednos. Amén.
BEATA TERESA DE CALCUTA.
lunes, 28 de enero de 2013
LECTIO EN TU MÓVIL
Ya está disponible de forma gratuita en el Google Play (Android Market) la versión “Mobile” de Palabra y Vida 2013 (El Evangelio comentado cada día). Cualquiera que tenga un dispositivo móvil con tecnología Android (Smarphones, tablets…) puede descargarse de forma directa y gratuita esta aplicación, que, como es sabido, cuenta para el próximo año 2013 con los comentarios del conocido Cardenal Oscar Rguez. Maradiaga. Los que ya contaban con la versión del año 2012 tan solo necesitan actualizar su versión.
sábado, 26 de enero de 2013
NAZARET Y LA EUCARISTÍA (I)
He tenido la inmensa suerte de
que, desde pequeña, el capellán de mi colegio me grabara a fuego una frase: “La
Eucaristía es la universalización de la Encarnación”. La puerta del sagrario de
la Cova (Manresa) reproduce un bello esmalte del nacimiento de Jesús. Ante él
se me dijo, muchas veces, esa frase que, a muchos años de distancia, sigue
resonando en mi interior; por eso sé que acercarme a comulgar es, en cierto modo,
acercarme al hogar de Nazaret para vivir, yo también, en Nazaret, para ser yo
misma encarnación de amor para el mundo actual. Hoy quisiera comenzar esta
reflexión con algunas ideas. Aunque no sé si es muy preciso llamar “idea” a
aquello que, lentamente, va surgiendo en la oración hasta convertirse en luz que
ilumina de forma sorprendente una realidad... que llevabas viviendo toda la vida.
¿Qué conexión hay entre Nazaret y
la Eucaristía?
Un silencio que es levadura. A menudo seguimos sorprendiéndonos por
los 30 años de Jesús en Nazaret. ¿Y los siglos de silencio encerrado en un
pequeño sagrario? El anonimato de
Nazaret casi es “de poca monta” frente a tantos sagrarios callados, ignorados,
silenciados. ¿Nos hemos parado a pensar alguna vez, cuando sobrevolamos en
avión alguna ciudad, los sagrarios que puede haber esparcidos por ella? O
cuando viajamos y vamos pasando pueblito tras pueblito…¿contamos alguna vez los
campanarios que ocultan la grandeza del Oculto? Dios sigue ahí, en este Nazaret
actualizado. Y si Dios creció en Nazaret es normal que las almas crezcan bajo
el manto de silencio del sagrario que siempre fue la forja de los grandes
santos. Nazaret es el hogar más santo y la Eucaristía es la prolongación de esa
presencia entre nosotros de Aquel que llamamos Altísimo; un nombre que, dicho
sea de paso, no le hace favor. Porque Él es el que se ha abajado, el Bajísimo,
el cercanísimo, el vecino…el hermano.
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