No olvides que el Corazón de Jesús está, silencioso, en el Sagrario. Esperándote. No le defraudes.
viernes, 14 de junio de 2013
ÉL TE ESPERA
No olvides que el Corazón de Jesús está, silencioso, en el Sagrario. Esperándote. No le defraudes.
jueves, 13 de junio de 2013
ROMPER EL FRASCO DE ALABASTRO
XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
En aquel tiempo, un fariseo rogaba
a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se
recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que
estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y,
colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con
sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los
ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:
«Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que
es: una pecadora.» Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que
decirte.» Él respondió: «Dímelo, maestro.» Jesús le dijo: «Un prestamista tenía
dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no
tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón
contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: «Has
juzgado rectamente.» Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta
mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en
cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su
pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de
besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me
ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados,
porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.» Y a ella le
dijo: «Tus pecados están perdonados.» Los demás convidados empezaron a decir
entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la
mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.» Después de esto iba caminando de
ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de
Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos
espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete
demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas
que le ayudaban con sus bienes. ( Lucas 7,36–8,3)
LAS MUJERES DE JESÚS
Voy
a empezar este evangelio por el final: porque no es menos importante que el
cuadro que se nos narra, la afirmación de que había seguidoras de Jesús.
Estamos acostumbrados a la lista de nombres de los seguidores de Jesús: Pedro,
Santiago, Juan…De ellos, salvo de Judas, “el traidor” nada se nos dice
inicialmente. En cambio, cuando se nos presentan las seguidoras de Jesús el
evangelista siente la necesidad de subrayar que todas habían sido sanadas por Jesús de “malos
espíritus y enfermedades” y, de alguna, hasta se habían expulsado siete
demonios. Tengo para mí que esa experiencia personal e íntima de la acción de
Jesús en la vida de cada una de ellas fue determinante en su fidelidad hasta la
cruz, algo que no vemos en los discípulos la mayoría de los cuales se había
formado de Jesús una idea más o menos mesiánica.
Estas
mujeres sanadas pueden ser muy bien imagen de la Iglesia. Porque el evangelista
subraya además que “sostenían a Jesús con sus bienes”. Y hay que reconocer que
en muchos países son las mujeres las que sostienen la iglesia. Basta ver las
misas, el número de asistencia femenina y masculina…Basta ver el número de
consagradas frente a consagrados. ¿Qué les pasa a los hombres?
Hoy
por hoy muchas mujeres siguen sosteniendo a Jesús en sus obras de caridad y
misericordia pero también en su dimensión contemplativa. En la estructura de la
Iglesia siguen ostentando todo protagonismo los hombres. Quizá no hay mucha conciencia
de cuánto debe la Iglesia a las mujeres…A veces pienso que con enaltecer a la
Virgen María creen haber saldado la deuda de gratitud…
BANQUETE
ABUNDANTE/ AMOR ESCASO
Cabe
suponer que en la mesa del fariseo el banquete era abundante. Sin embargo,
Jesús no va a dejar de reprocharle lo que “no ha hecho” y ese puede ser un duro
examen de conciencia para las comunidades cristianas. No las misas que se
dicen, no las procesiones o las ferias solidarias que se montan. Jesús exige la
centralidad de su persona. Y eso lleva a
la delicadeza, al amor creativo de gestos, a la “pérdida” de tiempo en la
oración, al silencio ante el sagrario…La mujer no parece pedir nada (aunque luego
reciba mucho) sólo desea estar y tocar a Jesús. Es mujer que ama con todos sus
sentidos y llora, besa, acaricia, seca…Ella es el exceso y Simón el cálculo: si supiera quién lo toca… El único
ignorante es el que cree saber, Simón el fariseo, porque Jesús sabe muy bien
por quién es acariciado y la mujer sabe quién es Jesús y por eso mismo desea
tocarlo, besarlo, honrarlo…
EL FRASCO DE
ALABASTRO
La
mujer lleva un frasco –se especifica en otras traducciones que es de alabastro
– con un caro perfume. Ese frasco puede muy bien simbolizar el corazón de cada
cristiano que sólo puede ser para Jesús. Sólo para Él la alabanza, el amor, la
finura de nuestro afecto.
Una
mala formación hace pensar a muchos laicos que eso debe ser para los
consagrados. Se olvida a veces que no hay mayor consagración que la del
bautismo y que todo seguidor de Jesús debe darle centralidad en su vida, romper
su perfume, darse sin cálculo. La entrega o es radical o no es. Jesús no tiene
amores rivales, Él integra todo amor que merezca tal nombre. Desde Él y por Él
somos capaces de amor humano en plenitud.
LA MUJER IMAGEN
DE LA IGLESIA
Esa
mujer se pone detrás de Jesús, que es donde debe estar el seguidor. Y se pone a
sus pies, en actitud de adoración. Son las actitudes que necesita la Iglesia:
ir siempre “detrás de” y adorar. Los Padres de la Iglesia han visto en esta
mujer la imagen de la Iglesia. Una Iglesia que debe besar y ungir a los más
débiles. Una Iglesia postrada, humilde, servidora. Una Iglesia creativa, audaz,
atrevida, alejada de cálculo.
ELLA EN CAMBIO
He
comenzado contraponiendo el grupo de mujeres seguidoras de Jesús – cargadas de
defectos y enfermedades – al grupo de seguidores varones de Jesús donde, salvo
uno, los demás parecen inmaculados pese a sus múltiples fallos. No se me
hubiera ocurrido la contraposición si el texto no la remarcara hasta la
saciedad con un “ella en cambio”…
Jesús
establece una clara diferencia entre Simón y la pecadora pública. Lucas es
artista en formar dípticos, pequeños cuadros con dos personajes donde,
aparentemente, el primero tiene todas las de ganar (por lo menos humanamente)
pero al final, a los ojos de Jesús, es el segundo personaje quien vence. Recordemos
la anunciación a Zacarías contrapuesta a la de María la parábola del fariseo y el publicano,
el rico Epulón y el pobre Lázaro…Y ahora, en este texto, el fariseo Simón, que
además invita a Jesús, es contrapuesto a una pecadora a la que Jesús cubre de
elogios. Porque ella ha lavado, ha besado, ha ungido…ella encarna el amor en
acción.
¿Con
quién nos identificaría hoy Jesús, con quién identificaría nuestras
comunidades? ¿Con Simón, buen hombre que no acaba de entregarse, o con esa
mujer que se “desmadra” en su amor?
miércoles, 12 de junio de 2013
LECCIONES DE LOS NIÑOS
El amor es así: detallista, atento, creativo, humilde...Qué mejor imagen de la salvación que ese niño convertido en paso y puente.
lunes, 10 de junio de 2013
A VUELTAS CON LOS DEFECTOS DE UNA FAMILIA SANTA
Ya en otra ocasión hablé en este
blog de los defectos de la Sagrada Familia. Me parece que tener defectos es un
don que Dios nos ha dado (aunque en términos generales nos empeñemos en
considerar que es una humillación) y no estaría bien que la Sagrada Familia no
lo hubiera disfrutado…
Tener defectos es, además, un
regalo especialmente comunitario. Crecemos en comunidad – familiar, religiosa-
y los defectos ajenos son fuente inacabable para crecer en virtudes. También
nuestros propios defectos se ponen de relieve en comunidad, ya sea porque
alguien nos los señala, ya porque se hacen evidencia en el trato.
Son esos pequeños defectos a los
que no solemos prestar mucha importancia: impuntualidad, desorden, tono
altanero, tendencia a inhibirse, afán de protagonismo, imprudencia, temeridad,
agresividad, murmuración, genio vivo…en fin, toda esa lista de cosas que
solemos liquidar con un “yo soy así”. “Cuánto
disgustan a Dios esas faltas que los mediocres llaman poca cosa” dice Manyanet. En “Escuela de Nazaret” San José Manyanet tiene preciosos y serios
avisos contra los defectos pequeños y consentidos y afirma rotundamente que son
el camino directo a la mediocridad y al letargo del espíritu.
Por eso creo que la Sagrada
Familia fue una comunidad en la que también hubo que limar asperezas, corregir
defectos temperamentales, aguantar con paciencia los ajenos. En esa familia
fueron todos una enseñanza para el otro y también un ejercicio de las propias
virtudes. Recuerdo que, cuando niña, con
frecuencia me ponía nerviosa mi madre. Y ella, que lo notaba, me exigía
paciencia con sus defectos – pues aceptaba que los tenía y no pedía que por ser
madre y quererme mucho yo se lo encontrara todo bien- diciéndome que los aprovechara
para hacerme santa. Lo decía de manera sencilla, con un refrán catalán: “si sant vols ser, algú te’n ha de fer” (“si
santo quieres ser, alguien te tiene que hacer” …sería una traducción
aproximada) aunque luego añadía con sorna: ¡y qué mayor gozo para una madre que
hacer santa a su hija!. Ya mayor esa frase de mi madre sigue muy presente en mi
vida.
Me sorprende a veces que sigamos
aferrados a una imagen hierática de las Sagrada Familia. Son, en la devoción
popular, personajes planos: santos al principio, santos al final. En nuestra
mente no evolucionan, no se superan, no crecen. ¡Y el verbo que define lo que
Jesús hacía en Nazaret es “crecer”! Este hieratismo hace que estos personajes
no tengan nada emocionante que ofrecernos salvo lo que les ocurre desde el exterior:
buscar posada y no encontrarla, la persecución de Herodes, la vuelta a Nazaret…
Yo me imagino que lo apasionante
de los Tres de Nazaret es la aventura interior que vivieron personal y
familiarmente con Dios. Esa aventura los tuvo que cambiar radical y
continuamente en su generoso afán por empujar la venida del Reino. Y eso,
precisamente eso, es lo que más nos cuesta aceptar, prefiriendo muchas veces
los clichés.
De todos ellos quizá el que más
me molesta es el que afecta a Jesús y que lo convierte en un niño dócil,
obediente, sumiso…encantador… pero casi tonto. Porque los niños no son así y si
por casualidad nos encontramos con alguno así, los educadores nos preocupamos.
Por eso me ha encantado encontrar
un cuadro en el que María da, literalmente, una paliza al niño. Que es hijo de
Dios, sí, pero también suyo. ¿Qué habría hecho Jesús? Quizá, curioso, llevaba
varias veces acercándose a ese borde de precipicio en el que corría peligro de
caerse y sobre el que tantas veces había sido advertido: no te acerques…Pero
los niños nunca ven el peligro y Jesús fue niño-niño de verdad. ¿Qué haría? Cualquier
cosa que enfadó a María, seguro. Me hace
sonreír que mientras la Virgen mantiene su corona, la del Niño haya rodado por
los suelos. Eso me lo humaniza, me lo acerca. Es, simplemente, un niño en
apuros.
El cuadro, de Ernst Max, causó revuelo en 1926 y fue censurado. Presentaba una Virgen demasiado "humana" aunque hoy molesta más que pegue al niño, que lo castigue físicamente. De hecho, he realizado un pequeño experimento y lo he
puesto en un pasillo del colegio. Junto a otros que presentan a la Virgen en
actitud orante o bordando inacabables labores. Todos los comentarios, de
profesores y alumnos, han sido negativos: “No me la imagino para nada así”, “No
me gusta, la Virgen no debía perder la paciencia como cualquier madre”, “seguro
que el Niño Jesús no hacía trastadas” o “yo lo veo como una falta de respeto”.
A mí en cambio me habla de
humanidad en perfección. Me habla de corregir y aprender. No estoy a favor de las azotainas pero me habla de una familia normal
donde la madre se enfada y pierde la paciencia con los defectos del hijo,
tantas veces avisado.
Aprovechemos nuestros defectos y
los ajenos. Los nuestros nos acercan más a Dios, porque nos hacen humildes. Los
ajenos pueden alcanzarnos la santidad.
viernes, 7 de junio de 2013
LA RESURRECCIÓN DEL HIJO DE LA VIUDA DE NAÍN
DOMINGO X DEL TIEMPO ORDINARIO
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad
llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que
sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un
gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:
- - No llores.
Se
acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se
lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:
- Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha
visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca
y por Judea entera”
(Lc 7,11-17)
Acabamos
de celebrar la fiesta del Corazón de
Jesús. Un corazón herido de amor, un corazón que se dejó dañar por el dolor
ajeno, que supo sufrir con el dolor del otro; un corazón que fue moldeado, no
lo olvidemos, por José y María. Este sábado celebramos también el Corazón inmaculado de María (por lo
visto a nadie se le ocurre pensar en el corazón de José…)
Corazón,
sede de sentimientos, de afecto. Dios no vino a salvarnos de un mal más o menos
teórico. Vino a “cambiar nuestro corazón
de piedra por un corazón de carne”. Eso es estar salvado: tener un corazón
de carne
Como
el de Jesús. Veamos a ese Corazón sagrado en sus acciones:
El
encuentro entre la procesión de la muerte, que sale de la ciudad, y la
procesión de la vida, que entra en ella.
Jesús
va con alguna intención a Naín. Pero las intenciones de Jesús, sus planes,
siempre quedan trastocados por la vida. Primera lección: estar atentos a la vida. Y dar respuesta. Al dolor de la madre por
la muerte de su hijo se suma el desamparo en que ésta queda. Las mujeres que no
tenían un varón que las atendiera – esposo o hijo, también padre – quedaban
expuestas a la mendicidad y a todo tipo de sufrimiento. Jesús se encuentra por
tanto con una situación de profundo dolor y profundo desamparo.
Y
se conmueve. Y su com-pasión lo pone en movimiento. Primero mira. Ve a la mujer
en su totalidad. Y le ruega: “No llores”. Al hombre Jesús no le gusta ver
llorar una mujer, parece desestabilizarlo. También a María Magdalena le dirá
¿Por qué lloras?
Fijémonos
en las acciones de Jesús: mirar, hablar,
acercarse, tocar. Son, en realidad, un buen programa pastoral: miremos la
persona, esa que tenemos al lado, esa que han puesto a nuestro cargo;
hablémosle, individualicemosla, hagámosle sentir que la hemos visto. Y
acerquémonos. Acercarse en totalidad, no un poquito. Eso implica tocar.
La
compasión de los santos ha hecho que tocaran leprosos, que cogieran en brazos
moribundos, que acunaran bebés abandonados, que abrieran los brazos para
consolar. La cercanía humana nos hace tocar. Y Dios se ha dejado tocar (y hasta
comer) para que aprendamos también a tocar.
La
palabra de Jesús a la mujer es suave, implorante, llena de ternura. Es una
mujer rota. La palabra de Jesús al joven es enérgica, imperativa, vigorosa. Un
corazón compasivo es aquel que encuentra siempre el “tono” que el otro precisa.
El
muchacho difunto estaba, obviamente, tendido sobre el féretro. Para vivir hay
que levantarse. Levantarse cada día de aquello que nos mata, de aquello que nos
quita libertad, de aquello que nos aleja de quien nos ha dado vida.
Y
Jesús lo entrega a su madre. ¡Quién vería el abrazo del joven y la madre viuda!
¿Sería así el abrazo de Jesús resucitado y María? Quizá Dios Padre no quiso ser
superado en compasión por su Hijo y también Él se acercó a la tumba de Jesús y
le ordenó:¡levántate! para entregarlo, aunque brevemente, a María.
La
conclusión de la gente, maravillada, es fundamental: Dios ha visitado a su pueblo. Porque Dios sólo puede tener gestos
de compasión, de misericordia. Pero no olvidemos que lo visita en la persona de
su Hijo.
Igual
que ahora el mundo debe ser visitado por Dios…a través de nuestras obras, de
nuestro corazón compasivo.
Somos
portadores de Vida. Vayamos a iluminar
los espacios de muerte.
jueves, 6 de junio de 2013
SAGRADO CORAZÓN
Al corazón de Jesús
He llegado muy tarde, y aún no del todo, a la
devoción al Sagrado Corazón. Quizá por eso, mi reflexión será hoy sobre la
belleza.
Una belleza que, a mi parecer, siempre ha faltado en
la profunda teología que envuelve el misterio del corazón de Jesús. Esta fiesta
celebra que “en el Corazón de Cristo el Amor de Dios salió al encuentro de
la humanidad entera." Por eso, “es preciso vivir en sintonía con Su Corazón, amando, como
Él, a Dios y al prójimo..."(Juan
Pablo II)
Pero las personas, qué le vamos a hacer, captamos
las realidades inefables por los sentidos y el arte no ha acabado de encontrar
una manera de expresar ese amor de Dios que vibra en el corazón de Jesús. Recuerdo
que, de pequeña, esos jesuses lánguidos y acaramelados, con un corazón lleno de
espinas y medio sangrantes me repelían; peor aún si era el propio Jesús quien
llevaba el corazón en la mano. Por otra parte mi madre pretendía que yo hiciera
los nueve primeros viernes de mes una larguísima novena al Sagrado Corazón. Pero
para una niña que juega y disfruta, lee
y estudia mientras pelea con los hermanos, es metafísicamente imposible saber
si estamos o no en el primer viernes de mes. Y le importa un rábano. Así que
nunca jamás conseguí hacer esa novena y eso aumentó mi antipatía por esa
devoción.
Pero ya mayor, tuve la suerte de viajar. Y comencé
a ver muy extendida la devoción; es más, vi ciudades enteras que habían
colocado sobre la montaña más alta una enorme imagen del sagrado Corazón para
que protegiera a toda la ciudad: París, Bruselas, Río…y mira por donde, mi
Barcelona natal, con su maravilloso Tibidabo.
Comenzó a gustarme pensar que, desde lo alto, Él nos
abraza y protege constantemente. Aunque yo no le mire siempre soy mirada por
Dios…Yo puedo olvidarme de Él pero su corazón no se aleja de mí.
Pero el corazón de Jesús es un corazón traspasado.
Herido, lanceado. Y yo, si quiero vivir esa devoción, voy a tener que acercarme
a tantos hermanos míos que hoy siguen siendo traspasados, humillados, heridos.
Hoy se nos recuerda que el corazón de Jesús sigue
herido en las mujeres maltratadas, en los niños abandonados, vendidos,
explotados; en los hombres que sufren la soledad o viven en la mendicidad…en
las rupturas de relaciones de amor, en los parados, encarcelados y sin techo;
en los emigrantes, los drogadictos o los enfermos mentales que nadie cuida. ¡En
tanta gente!
Acerquémonos a consolar el Corazón de Jesús. Consolemos
al hermano que sufre.
sábado, 1 de junio de 2013
CORPUS
Se estrena junio, mes del Sagrado Corazón, con la fiesta de Corpus. Las primeras comuniones de muchos niños llenan estos domingos. Pero...¿qué tal las nuestras? Acerquémonos al Pan de Vida, fortaleza que todos necesitamos. Palabra y Pan. La fe que nos alumbra.
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