jueves, 12 de julio de 2012


DOMINGO 15 DEL TIEMPO ORDINARIO
Los envió de dos en dos...

No sabemos qué hubiera ocurrido si Nazaret hubiera aceptado el mensaje de Jesús. En el relato continuado del evangelio de Marcos vemos que al fracaso de la misión entre los suyos, en Nazaret, le sucede una nueva manera de misionar. Ya no será en las sinagogas – espacio natural de Dios en el mundo judío-  sino en los caminos donde la Palabra resonará.  
Los apóstoles son enviados después de haber visto qué hacía Jesús. Y después de haber visto no sólo el éxito sino también el fracaso porque en Nazaret no pudo hacer Jesús ningún milagro; quizá a ello se deba la última recomendación que, aunque parezca dura, no hace otra cosa que exigir el no llorar ni lamentarse cuando no vemos el éxito pastoral. En la urgencia de la evangelización es preciso saber ver que hay tierras estériles a la semilla. Empecinarse en que la tierra estéril o rocosa dé fruto, viene a decir Jesús, no es propio de la sabiduría. Curiosa afirmación y exigencia porque creo que es la única que el mismo Jesús incumplió radicalmente. Él no desistió nunca de proclamar el evangelio y todavía pocos días antes de morir la anunciaba en “tierras estériles”, en el Templo de Jerusalén. Y es que a veces la lógica dice una cosa pero la pasión impone la contraria.
A los apóstoles los envía de dos en dos. Todos los comentaristas ven en este hecho  la imagen de la comunidad pero me resulta difícil pensar en una comunidad de dos. El número dos me remite instantáneamente a la familia nuclear, a la pareja. Y, aunque me desmarque del comentario oficial, me gusta pensar que Jesús nos envía en familia. Es la iglesia doméstica, son los padres los primeros transmisores de la fe, son ellos los que tienen la urgencia y el deber de predicar la conversión a sus hijos, expulsar los demonios que los circundan, ungirlos de fortaleza y curarlos de las enfermedades que contraen.
Cierto. El texto no habla de parejas sino, simplemente, de apóstoles. Pero la familia es el primer apóstol del niño que en su ámbito crece.
Si retomamos la imagen de los dos que son enviados a predicar vemos qué concepción tiene Jesús de la Iglesia: una Iglesia itinerante, siempre en camino. Sólo eso significan las sandalias, emblema máximo del peregrino. No es en la sinagoga, no en el Templo, no en el sedentarismo. El evangelio nos lleva al camino y nos exige estar siempre en ruta, desasidos, descentrados, desapropiados. Más a fondo, nos pide el desprendimiento de no esperar por los frutos. Lo nuestro es pasar y sembrar. Dejar a  Dios el poder de hacer crecer y a otros la dicha de la cosecha. Y cuántas veces nos amarga el no ver fruto…y cuántas creemos que hacer crecer es algo que depende de nosotros…
La otra imagen es la prohibición de tener dos túnicas. La túnica servía de abrigo ante las inclemencias del tiempo y también de lecho improvisado en el camino. La gente  pobre tenía una; dos es signo, sino de riqueza sí de posesión. Una Iglesia pobre e itinerante es lo que nos pide Jesús este domingo. Una realidad que a veces cuesta mucho de ver, la verdad. Es bueno traer aquí las palabras de San Basilio:
 «El pan que tú no comes, es el pan del hambriento; la túnica colgada en tu armario, es la túnica de quien va desnudo; los zapatos que tú no calzas, son los zapatos de quien camina descalzo; el dinero que tu escondes, es el dinero del pobre; los actos de caridad que no haces, son injusticias que cometes» (Hom. VI in Lc XII, 18 PG XXXI, col. 275). 

Qué gusto si la jerarquía eclesiástica actual  recobrara el lenguaje claro y directo en la predicación…
Ante la alusión a la túnica viene a la memoria la túnica de Jesús, la que se sortean cuando él agoniza clavado en cruz. Era una túnica sin costura, tejida, con toda probabilidad, por María. Manos de mujer sobre Jesús, manos de mujer sobre y en la Iglesia. Jesús, sacerdote y rey, necesita la ternura femenina sobre sí.  Y es una mujer la que suscita también la referencia a su túnica. La hemorroísa va por detrás para tocar, aunque sólo sea la orla de su manto…
Jesús, calzado con sandalias y con una única túnica, es modelo de Iglesia. Siempre en camino, siempre pobre.regúntate si en la fe vives instalado o “en camino”. Pregúntate  si tu vida no conjuga el verbo “acumular” (en el armario, en el banco o en el corazón) Porque sólo la desinstalación completa nos da poder sobre los demonios.  


1 comentario:

  1. Si hermana, nos toca pasar,sembrar y dejar a Dios, que haga su obra y permita que otros recojan la cosecha,para esto necesitamos no crernos indispensables,sino con humildad hacer nuestra tarea de enviados y abandonados en él vivir en la confianza que tarde o temprano otros cosecharan,
    El Señor, nos permita vivir desprendidas, vivir en camino y compartir con otros la vida, lo que somos y tenemos.
    Dios te bendiga y gracias por tu aporte que nos enriquece.

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