sábado, 11 de octubre de 2014

SAN JOSÉ, MODELO DE EDUCADOR PARA LOS PADRES DE FAMILIA


La figura de José va emergiendo lentamente a través de los siglos. Ya sabemos que han hecho más por él los santos que los teólogos (en general) pero últimamente hay que agradecer a estos últimos que hayan enfocado con sabiduría esta figura humilde y entrañable del misterio de Nazaret. También el Papa lo tiene muy presente y su alocución del 19 de marzo de 2014 hablaba precisamente de ese aspecto: José, modelo para los educadores.

No debió ser fácil para José asumir que su misión consistía en educar ese niño “caído del cielo”. Jesús, aun siendo un bebé, debió enfrentar a José con sus propias limitaciones y con frecuencia debió hacer surgir la pregunta que refleja Tomás G. Bravo[1]:  ¿Cómo he de proceder?
Tengo para mí – que no soy madre pero sí educadora – que eso es lo primero que nos enseña José. A vivir colgado de una pregunta que no parece tener respuesta y que aparece y reaparece constantemente. Cuando conoce el embarazo de María la pregunta nace con dramatismo: ¿qué hacer? ¿cómo proceder?
Vemos a José tomar una decisión y, no obstante, seguir abierto a otra posibilidad, escuchar atentamente y cambiar. Un sueño agitado  resulta ser un camino abierto.
Ante el hijo estamos siempre ante un misterio. Y ante el misterio hay que preguntarse siempre “cómo he de proceder”. Lo que vale para un hijo resulta ineficaz, o incluso malo, para el otro, lo que me sirvió a mí de pequeño no es adecuado para mi hijo.
La cuestión es que los hijos nos llevan a avanzar siempre a tientas, con esa pregunta clavada. No hay recetas. No hay seguridades. Pero el Papa nos da una palabra que puede servir: PRIMEREAR.
Dios nos ha amado primero, es Él quien ha tomado la iniciativa y eso es lo que hay que hacer con los hijos: en el amor ir siempre por delante, avanzarse, primerear  “tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos” (EG 24). El Papa está hablando de la Iglesia pero no olvidemos que la primera iglesia es la doméstica, la familia.
José debió preguntarse siempre cómo actuar ante el niño del cual era custodio. Y todos los padres son “sólo” custodios de sus hijos porque no les pertenecen. Saber primerear, saber ser invisibles, saber avanzarse…¡tanto nos enseña la silenciosa figura de José!



[1] Bravo Zamora, Tomás Gerrado. San José, patrono del educador de hoy. Ponencia en el Simposio Josefino. Polonia octubre 2009

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