jueves, 15 de agosto de 2013

BENDICIONES DISFRAZADAS



Leo en un libro una expresión que me ha gustado particularmente. Dios tiene “bendiciones disfrazadas”, nos regala de vez en cuando su bendición de forma oculta, sin dejar ver, a primera vista, que lo que recibimos es un don, una auténtica bendición. La bendición directa, aquella feliz oportunidad, aquella persona que nos quiere, aquella gracia personal no requiere de nosotros gran actividad interna. Se acoge y, por supuesto, se agradece.

Pero a veces Dios envía bendiciones disfrazadas, dones que no parecen dones, regalos que no sólo no valoro de entrada sino que me disgustan. Y los cojo porque la vida no siempre me da opción de escoger. Las bendiciones disfrazadas pueden ser, muchas veces, dolorosas.
Tengo unos amigos que, hace años, tuvieron trillizas; una de ellas con serias discapacidades psíquicas. Aquella niña que fue recibida con mucho dolor, pero también con muchísimo amor, fue una bendición disfrazada. La familia se unió en torno a ella y germinaron muchas virtudes (la valoración de cada pequeño logro, la aceptación de la dificultad, la fortaleza…) que han sido una auténtica bendición para todos.

Conozco una abuela que tiene alzheimer; ahora apenas conoce pero ha dejado a su familia una herencia fabulosa: la aceptación, incluso con una chispa de humor, de la enfermedad.
A veces una bendición disfrazada puede ser un recodo en el camino, palabra  que el diccionario define como un “ángulo o revuelta que forman las calles, caminos, ríos, etc., torciendo notablemente la dirección que traían” .Es un momento en que se pierde de vista el norte y se hace preciso caminar a oscuras. O momentos en que las situaciones que se viven,  ponen en tela de juicio todo lo que hasta ahora parecía válido y es preciso mantener la vela encendida porque el sol no funciona. Podemos vivir como un auténtico choque emocional  lo que puede ser bendición disfrazada…  

No siempre son tan dolorosas las bendiciones disfrazadas. A veces un choque entre personas supone el nacimiento de una auténtica amistad; una divergencia de pareceres resulta ser un enriquecimiento; una pequeña contrariedad saca a la luz lo mejor de uno mismo; una decepción o un fracaso nos hacen buscar otras soluciones que, a la larga, resultan mucho mejores que las que inicialmente deseábamos. Un traslado de ciudad a ciudad puede resultar doloroso pero puede ser también una oportunidad. Y hasta ese novio o esa novia que te deja puede ser una bendición disfrazada porque te ahorra futuros y quizá irreparables disgustos.

Dios quiere hacernos jugar. Como madre amorosa nunca nos va  a dar nada malo. Como mucho, un jarabe que sabe mal pero que sana. Y cuando permite, sólo permite, que el mal llegue a nuestras vidas, Él se las apaña para colarse por una rendija y nos da la oportunidad de descubrir la bendición disfrazada.

La próxima vez que algo que no te guste llame a tu puerta, sal a recibirlo sabiendo que ahí va una “bendición disfrazada”. Descúbrela. 

domingo, 11 de agosto de 2013

VIII SUPERIORA GENERAL


Hoy, 11 de  agosto de 2013, las 24 religiosas capitulares, después de invocar al Espíritu Santo, han elegido VIII Superiora General de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familis de Nazaret a M. Montserrat del Pozo Roselló.
Nacida en Caracas el 13 de septiembre de 1954 su familia - de origen catalán- se trasladó a Badalona (Catalunya) cuando ella era aún niña. Se educó en el Col.legi Sant Andreu que nuestra Congregación tiene en la ciudad.
Entró en la Congregación el 4 de octubre de 1975. A lo largo de su vida ha destacado por su innovación pedagógica. Ha publicado diversos libros sobre inteligencias múltiples y experiencias docentes y ha dado infinidad de cursos para formar profesores y padres.
La nueva tarea que ha recibido contará, sin duda, con la colaboración de todos y con nuestra oración.


                                                    MUCHAS GRACIAS

Es momento también de agradecer los 18 años de servicio que M. Edith Gutiérrez ha prestado a la Congregación. El bien sembrado siempre germina...La entrega, el afán por transmitir el carisma, el amor a cada una de nosotras y el sentido de consagración es algo que le agradecemos profundamente.
Es preciso también manifestar la gratitud a todo el equipo de gobierno: M. Ramona Gabarró, M. Mª Angeles Melero, Mª Nhur Luque y M. Belén Aragón. Sin aunar esfuerzos, nada es posible.
Mañana informaremos del nuevo equipo de gobierno. Mientras tanto, oración.

viernes, 2 de agosto de 2013

TIEMPO DE ESPÍRITU


XXI CAPÍTULO GENERAL DE LAS MISIONERAS HIJAS DE LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARET.

Llegadas de todo el mundo – Italia, España-Camerún, Brasil-Paraguay, Venezuela, Colombia-Ecuador…- el día 1 de agosto se reunieron las religiosas capitulares en el Colegio Montserrat (Barcelona)  donde un nutrido grupo de religiosas de España-Camerún había preparado una fiesta de bienvenida para todas.
Tras el rezo de vísperas y la cena, se comenzó la celebración de la que fue parte muy importante un merecido homenaje de gratitud a las dieciocho años de servicio de M. Edith Gutiérrez como Superiora General. Hubo momentos de risa, de juego…y de emoción. Hubo signos entrañables y momentos de oración. Todo en la placidez de una noche de verano – la fiesta era al aire libre- y con la alegría que nos caracteriza.
El día 2 comenzó con la Eucaristía, celebrada en el santuario de San José Manyanet  y presidida por el P. General de la Congregación hermana. Después de la misa –sobre el altar que guarda los restos del fundador- visitamos el Memorial o museo del P. Manyanet y a continuación hubo una comida festiva en el colegio Mare de Déu dels Àngels.
Al finalizar, despedimos a las capitulares que se dirigieron al Colegio Montserrat para comenzar, con las palabras de apertura de M. Edith, el XXI Capítulo General Ordinario.

COMO CENTINELAS


XVIII  DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
— «No temas, pequeño rebaño, porque el Padre de ustedes ha tenido a bien darles el Reino.
Vendan sus bienes y den limosna; consíganse bolsas que no se desgasten, y acumulen un tesoro inagotable en el Cielo, donde no se acercan los ladrones ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón.
Tengan ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Ustedes estén como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre despiertos; les aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprendan que, si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría asaltar su casa. Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre».
Pedro le preguntó:
— «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»
El Señor le respondió:
— «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración de alimentos a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Les aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: “Mi Señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y a las criadas, y se pone a comer y beber y a emborracharse, llegará el Señor de aquel criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que conoce la voluntad de su señor, pero no está preparado o no hace lo que él quiere, recibirá un castigo muy severo. En cambio, el que, sin conocer esa voluntad, hace cosas reprobables, recibirá un castigo menor.
A quien se le dio mucho, se le exigirá mucho; y a quien se le confió mucho, se le pedirá mucho más». (Lc 12, 32-48)

UN HIJO NO TEME.

Deberíamos recordar – y últimamente los Papas lo recuerdan – que uno de los primeros mandamientos de Jesús no es que amemos (eso vendrá después) sino que no temamos. La persona ha nacido para la confianza y la libertad pero, sin saber cómo, nos llenamos de miedos que nos paralizan y nos quitan la alegría. Nuestra sociedad propicia los miedos al desconectarnos de nuestro yo profundo y vivir para lo exterior. Es preciso volver a la cultura del corazón, al cultivo de la espiritualidad.

USAR, NO ACUMULAR. O EL VALOR DE LO ETERNO.

Jesús nos promete el Reino. Pero nos avisa de que no acumulemos bienes materiales pues el corazón fácilmente nos traiciona. El reino es de los libres. De aquellos que han puesto su mirada en la meta y corren sin desfallecer, soltando lastre. Hablamos poco del cielo en círculos cristianos. Quizá en un tiempo se abusó de ello pero no perdamos de vista que hemos nacido para el cielo. Para lo que no caduca, para lo eterno. Nuestra vida tiene valor en cuanto es un presagio de eternidad. Acumular en la tierra es tan absurdo como plantar la tienda de campaña en un trampolín.

ESTAR ALERTA

Hoy en día parece que vivir alerta es casi sinónimo de vivir alarmado y nada más lejos, en la mentalidad de Jesús, que aúna ese estado de vigilia permanente con la paz más profunda. Sólo un corazón pacificado es capaz de vivir alerta porque sólo cuando todo lo relativo se ha relativizado cesan lo miedos y estamos atentos a lo esencial

TRES PARÁBOLAS DE AUSENCIA

Después de la indicación de Jesús para que acumulemos tesoros en el cielo, el evangelista hilvana tres parábolas que, en el fondo, tratan de lo mismo: la ausencia de Dios y nuestra respuesta ante ella.
La reacción de cada protagonista de la parábola depende de la imagen que tiene de ese Dios ausente que, de repente, llega. Empecemos por la última:
Para el criado que no siente suyo el mundo y cuanto Dios nos ha legado, la aparente ausencia de Dios es motivo de irresponsabilidad y desenfreno, incluida la violencia. Dios no es otra cosa que un amo y el criado tiene “moral de esclavo”: sólo trabaja en presencia del dueño. Es un relato que nos remite al hijo mayor de la parábola de hijo pródigo. A veces los hijos optamos, tristemente,  por vivir como siervos…
Para el inconsciente y distraído, Dios es un ladrón, alguien cuya llegada siempre pilla desprevenido. La frivolidad y superficialidad hacen que la gran riqueza que poseemos – nuestra propia vida interior- esté siempre en peligro.  
Sólo para el criado fiel que espera, Dios es un Esposo, Alguien que, por encima de todo, nos ama y nos sirve (imagen absolutamente hiperbólica y absurda la del amo que llega de madrugada y se pone a servir a los criados. Pero Dios es así)  
Parece quedar claro que Jesús nos habla de dos maneras de llegar Dios a nuestra vida: de frente, llamando a la puerta, y por detrás, asaltando la casa. Dios puede llegar de forma luminosa, en instantes de dicha y felicidad, en momentos de calma y paz. Pero puede llegar “por detrás”, en el dolor y la enfermedad, la cruz callada y la soledad, el desprecio y el fracaso.
Llegue por donde llegue mi corazón debe reconocer al Esposo y “amar no el don sino la mano que me alarga el don” (Manyanet)

LA TENDENCIA AL ELITISMO

Pedro tiene una pregunta muy graciosa pero peligrosa: ¿lo dices por nosotros o por todos?. En el fondo, Pedro  marca una línea psicológica de separación entre los seguidores de Jesús – ellos – y el resto. También con frecuencia nosotros nos posesionamos de la verdad y jugamos en dos equipos: los cristianos y los otros. Jesús no responde a la pregunta de Pedro pero añade, después de la tercera parábola, un precioso y maravilloso principio de justicia: a quien mucho se le ha dado, mucho se le pedirá… Y haciendo las mismas cosas, no todos serán reprendidos de igual forma. La bondad o maldad de los hechos está en la intención con que se han realizado. Por tanto, aún cuando veamos cosas reprobables, no juzguemos. El juicio sólo pertenece a Dios que escruta y conoce los corazones.

A nosotros sólo nos toca vivir como viviríamos con Dios al lado. Porque ahí está. 

viernes, 26 de julio de 2013

XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO



Estaba él orando en cierto lugar y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.» Él les dijo: «Cuando oréis, decid:
Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación.»
Les dijo también: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: `Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle', y aquél, desde dentro, le responde: `No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos', os aseguro que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, se levantará para que deje de molestarle y le dará cuanto necesite.
«Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»
Lucas 11, 1-13

El evangelio de este domingo forma una unidad con el del domingo pasado: en la escena de Marta y María se nos enseña a escuchar a Dios. Hoy se nos urge a hablar con Él. Escucharle y hablarle es orar. Y la oración es el centro nuclear del creyente. Si no hay oración no puede hablarse de fe.
En el trasfondo del fragmento de este domingo, la Trinidad. Jesús señala al Padre (nunca a sí mismo) y el Padre nos regala el Espíritu. La Iglesia debería mejorar su catequesis sobre la vida Trinitaria pues Jesús es el Camino que lleva a la Verdad (la Trinidad) que es la única que puede darnos Vida. Nos hemos enamorado del Camino (Jesús) pero hay que saber que conduce a una mayor plenitud.  

JESÚS, TESTIMONIO.

Lo que se admira se imita. Si algo convence, atrae y llama es el testimonio. Y la oración de Jesús despierta en sus amigos la sed de orar. Estas líneas del evangelista sirven para subrayar la única metodología pastoral que Jesús avala: el ejemplo de vida. Lo demás es estéril.

LA ORACIÓN

Comentar el padrenuestro es como explicar una obra de arte: lo puedes intentar pero sabes que nada puede definir la belleza. Me amparo en Tertuliano: “El padrenuestro es el resumen de todo el Evangelio”. O si lo leemos del revés, para intuir el padrenuestro hay que recorrer una y otra vez todas y cada una de las páginas del evangelio, que son su glosa.    
¿Y qué nos dice ese evangelio? Jesús nos da la buena noticia de que Dios es nuestro Abba, palabra que mal traducimos por el solemne “Padre” cuando en realidad es algo así como “papi, papito”.
En la primera parte de esta oración, que es seña de identidad del cristiano, se nos sumerge en el ámbito divino: la santificación del Nombre de Dios, su Reino, la Voluntad divina…¡Menos mal que, ante el misterio – pues nada entendemos de eso- vamos de la mano de “papito”!. Y de la mano de todos los hermanos…
La segunda parte mira la condición humana. Y sabemos que debemos pedir el pan, fuerzas para perdonar y no caer en tentación y que Dios, que nos lleva de la mano, aparte con su mano poderosa, al Malo cuando se cruza en nuestro camino.  
Rezar el padrenuestro implica tener corazón de hijo y hermano. Implica conocer nuestra pequeñez. Pero en definitiva, rezar el padrenuestro significa lanzar un ancla al cielo: voy rezando ahora,  lo que ahora no entiendo y celebraré en esa Vida que se nos ha prometido.
Obviamente, Jesús no enseñó el padrenuestro como una fórmula (algo a lo que con frecuencia lo reducimos…) ni lo enseñó en un día. La “construcción” de esa oración es obra de los evangelistas. Jesús enseñó lentamente qué significa tener a Dios por Padre, qué implica saberse hermanos, qué debemos conocer de nosotros mismos…
Sólo si vivimos en verdad nuestra oración es auténtica.   


UNA PARÁBOLA Y UNA COMPARACIÓN

Además de enseñar la actitud precisa para orar, Jesús señala el poder de la oración “insistente”. Qué bien decía San Agustín que “la oración es la debilidad de Dios y la omnipotencia de la persona”…
Jesús enseña mediante parábolas y comparaciones. Aquí nos presenta la del amigo inoportuno pero tenaz y la del padre que, por serlo, es incapaz de dar a su hijo nada que no le sea bueno. 
Fijémonos en la parábola que, tras los tres panes, esconde también tres personas: el que pide, el que duerme y el (invisible) que ha llegado a casa de quien no tiene panes. Todo un juego de relaciones en el que podemos ver al Espíritu en ese que clama al Abbá golpeando a la puerta, al padre, único Dador y Señor de la casa, y a Jesús pobre que nos pide ser acogido.  Una preciosa imagen de la Trinidad…

Con estas dos realidades humanas – de amistad y paternidad-Jesús nos enfrenta a la oración. Y por si no lo “pillamos” nos lanza varias “logion” o sentencias: Pedid, buscad, llamad…
Tres imperativos de Jesús que nos señalan como “seres carenciales”, seres necesitados. La referencia oculta a Dios (“se os dará” es una manera respetuosa del mundo hebreo de decir “Dios os dará”) nos prepara para el final de este fragmento.

LA IMAGEN DEL ARQUERO

Cada vez que rezo el padrenuestro lanzo una flecha incendiada al cielo.  Es pequeño el fuego pero basta para inflamar la antorcha e inaugurar la fiesta del Reino.
Cada vez que rezo el padrenuestro intento que mi corazón acompañe la flecha para clavarme en el Misterio de Dios: quiero conocer su Nombre – aspiración siempre insatisfecha- participar en su reino, hacer su Voluntad…
Cada vez que rezo el padrenuestro miro mi propia fragilidad y suplico pan, perdón y protección. ¿Qué debe pedir mi fragilidad? ¿Qué debemos pedir a Dios? ¿Qué debemos buscar? ¿Un trabajo? ¿Salud? ¿La paz familiar? Todo eso se puede pedir pero es la “añadidura”, la propina que Dios nos regala a quienes buscan el Reino.
Lo que realmente quiere dejarnos Dios es su Espíritu. Y ese es el fin último de la vida espiritual: la vida según el Espíritu.
La imagen del arquero me remite de nuevo a la Trinidad: persona, arco y flecha inflamada forman un todo.
Que mi oración me ayude a vivir la Olimpiada del Espíritu.


domingo, 21 de julio de 2013

IMAGEN DEL HIJO


Me lo contaba con lágrimas en los ojos y, pese a todo, un brillo en ellos que les daba vida. Mi amigo perdió a su hijo hace poco en un trágico accidente. Un padre, me decía, nunca se rehace de un golpe así…pero…
Intuí que me iba a abrir su corazón y me asombró un poco ese pero. Es hombre de familia, tiene cuatro hijos – uno ya en el cielo – y varios nietos. Del hijo fallecido le queda un nieto adolescente, casi joven.
Ahora – me decía- lo miro de manera distinta. No me había dado cuenta pero es el vivo reflejo de su padre. Tiene sus mismos ojos, ¡su misma risa! No sé si me lo imagino pero hasta tiene sus mismas manías en la comida. Es como si lo volviera a tener en casa, otra vez joven…No quiero hacer diferencias con mis nietos pero éste me llega al corazón…es como abrazar a mi hijo otra vez…reñirlo otra vez (el otro día tuve que hacerlo y Dios sabe lo que me costó), enseñarle de nuevo lo que ya enseñé a mi hijo…Mi hijo ha muerto, sí. Pero cuando Jordi entra por la puerta es como si entrara de nuevo mi hijo…
Sin saberlo mi amigo me explicaba qué es ser cristiano. Algo tan simple como vivir de manera que el Padre vea en nosotros a su Hijo Amado. Que le llegue al corazón nuestra fisonomía, nuestra risa, nuestra manera de mirar. Que su Hijo clavado en cruz viva en nosotros porque tenemos sus mismos sentimientos, su estilo de vida, hasta sus mismas “manías”. Que cuando el Padre nos mire, su corazón se sienta consolado porque Jesús vive en nosotros y su sangre no ha sido derramada en vano.

Entiendo a mi amigo, sí. Pero ahora entiendo más cómo debo vivir. Para que cuando yo entre por la puerta sea como si entrara de nuevo Jesús.  

miércoles, 17 de julio de 2013

UN JUEGO DE MIRADAS


Domingo XVI del tiempo ordinario

 En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el. servicio; hasta que se paró y dijo:
- «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»
Pero el Señor le contestó:
- «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»
Lc 10,38-42

Situación: 

En el camino hacia Jerusalén, un alto. Jesús ama el hogar y en Betania tiene “casa propia”, la de sus amigos. Betania quedó para siempre, en la comunidad cristiana, como paradigma de la comunidad que acoge a Jesús. Betania es descanso para el corazón, casa de amistad, mesa compartida, servicio y escucha de la Palabra.
Obviamente, Jesús iba con sus discípulos. Pero en la escena no hay varones, ni siquiera está Lázaro que, como hombre, era el anfitrión. Los comentaristas suelen hablar de Marta – quizá por hallarla en su papel de ama de casa – como de la hermana mayor. De hecho Lucas nos dice que Jesús fue recibido en “casa de Marta”.

Hospitalidad.

Betania encarna el principio básico de la hospitalidad, tan sagrado en Oriente. A Jesús le gusta “ser acogido” y vivir en familia. Acepta con normalidad ser huésped de Zaqueo, de Mateo, de Simón… y  convierte la casa de Pedro en su sede misional. Habría pues que preguntarse hoy si yo acojo a Jesús, si mi vida y mi corazón es para Él lugar de reposo; si mis obras son “plataforma” para difundir el evangelio, si mis afectos y sentimientos son evangelizados con su Palabra…
No deja de ser oportuno recordar que a nuestro Dios le gusta andar en familia, sentirse “en casa”…

El juego de miradas.

Imaginemos la escena. Cotidiana, normal. Dos mujeres que aman entrañablemente a Jesús. Una lo sirve, otra lo escucha. Son aspectos del mismo amor, irisaciones de la misma luz. María mira a Jesús, es su centro. Pero Marta, que se desvive por Jesús, mira a María. Y entra, sin darse cuenta, en esa fuente de sufrimiento que para todo corazón es la comparación. Marta compara su quehacer con el “quehacer” – que también lo es- de María. Las comparaciones son siempre fuente de descontento. Porque, además, cuando hay comparación, uno tiende a imponer una visión o carisma.  Desde el momento que Marta ha comenzado a mirar a María ha nacido en ella un monólogo interior de refunfuño que acaba – como pasa con esas cosas- por verbalizarse: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»
Probablemente si María se hubiera ofrecido a ayudar a Marta ésta la hubiera despachado de su lado con un “quita, quita, que ya me apaño yo sola y además acabo antes”.
Marta no quiere ayuda, no la precisa. Además, para ella es un honor y un orgullo agasajar al huésped. Pero la inquietud ha entrado en su corazón desde que ha dejado de mirar a Jesús para “mirar” qué hace su hermana.

Imagen de la Iglesia

San Ambrosio decía que “no hay sólo una manera de ser santos”. La Iglesia se enriquece con los distintos carismas y todos son necesarios. El servicio y la contemplación pueden “parecer”  distintos pero el servicio sólo es válido si nace de la contemplación y ésta sólo es fiable si lleva a la acción. Contemplativos en la acción.
No obstante algún comentarista ve en las dos hermanas la representación del Israel de los tiempos post-pascuales. María, sentada a los pies de Jesús como discípula – algo absolutamente inusual- encarnaría la apertura de Israel a la novedad que trajo Jesús. En ese sentido, y sólo en ese, se entiende el elogio de Jesús: sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.   
Cuando Lucas escribe esto la iglesia naciente anda a la greña: judeo-cristianos y cristianos venidos del paganismo se miran unos a otros en lugar de centrar la mirada sólo en Jesús. El Maestro deja clara la norma: sólo quien le escucha puede llamarse discípulo.

De trasfondo, Nazaret.

A Jesús nunca se le ocurrió lo que durante siglos han alimentado comentaristas al hablar del evangelio: que un tipo de vida –la consagrada frente a la laical, la contemplativa frente a la activa…- fuera mejor que otra. No pudo ocurrírsele porque Él vivió en Nazaret, con su madre, la fusión perfecta del “lado marta” y el “lado maría” que quizá todos tenemos. María es la mujer perfecta, la que une en sí toda forma de santidad: Ella es primacía de la Palabra y del Servicio.
Por eso es Madre y Figura de la Iglesia.